Durante la última década, México ha registrado avances importantes en el acceso de las mujeres a la educación. De acuerdo con cifras del Inegi , entre 2015 y 2025, la proporción de mujeres de 15 años y más con estudios de nivel medio superior y superior pasó de 27.2% a 38.3%. Esta cifra refleja un cambio estructural relevante: cada vez más mujeres están preparadas académicamente para participar en la economía, liderar proyectos o construir empresas.
Emprender en femenino: la tecnología como herramienta de libertad
Es, sin duda, una buena noticia. Sin embargo, también abre una pregunta inevitable: ¿qué ocurre cuando esas mujeres que estudiaron, se prepararon y desarrollaron habilidades profesionales deciden ejercer su carrera o emprender, y al mismo tiempo formar una familia?
La respuesta, muchas veces, se encuentra en un terreno lleno de expectativas y estereotipos. Recuerdo con claridad una pregunta que me hicieron poco después del nacimiento de mi primer hijo, justo cuando más entusiasmo tenía por impulsar el emprendimiento que había iniciado junto con mi hermano Gustavo: “¿Cómo podrás liderar una empresa si tu hijo aún es un bebé?”.
En ese momento comprendí que el desafío no era demostrar capacidad, porque esa convicción ya estaba dentro de mí. El verdadero reto era encontrar la forma de organizar el tiempo, la energía y las prioridades para que la maternidad y el emprendimiento no fueran caminos opuestos, sino parte de una misma historia.
La organización se volvió entonces una pieza central. No solo para cumplir con las responsabilidades de un negocio en crecimiento, sino para estar presente en una etapa tan importante como la crianza de un hijo.
Recuerdo también una conversación con una amiga que atravesaba una situación similar. Ella viajaba constantemente por trabajo y tenía un hijo pequeño. Un día llegó a visitarme con sus maletas y me contó que la noche anterior había dejado todo preparado para salir temprano a una reunión de negocios en otra ciudad y regresar ese mismo día. “Mi objetivo era volver por la noche, aunque él ya estuviera dormido. Saber que yo estaba ahí para él era lo importante”, me dijo.
Historias como esa reflejan algo que muchas mujeres entienden bien: el tiempo es uno de los recursos más valiosos cuando se emprende y se cuida una familia. No se trata de hacer más cosas, sino de organizar mejor lo que ya hacemos.
Por eso, cuando pienso en el papel de la tecnología en el emprendimiento femenino, no lo veo únicamente como una herramienta de eficiencia empresarial. Lo veo también como una herramienta de libertad. Porque cuando una emprendedora puede ordenar sus procesos, entender mejor cómo funciona su negocio y tomar decisiones con claridad, gana algo mucho más valioso que productividad: gana tiempo.
Ese tiempo puede significar más espacio para pensar estratégicamente, para aprender, para crecer o simplemente para estar presente en los momentos que realmente importan.
En ese sentido, considero que contar con herramientas digitales en un emprendimiento es tan importante como mantener la competitividad y hacer que el negocio sobreviva. Por ello, veo una dolencia relevante en las mujeres emprendedoras, como ejemplo, la Radiografía del Emprendimiento edición Mujeres 2025, arroja que el 30.9% de las empresas no consideran necesario usar herramientas digitales en sus negocios .
Por ello es importante crear conciencia, porque emprender no es solo abrir un negocio. Es construir algo que evoluciona, que exige decisiones constantes y que muchas veces convive con otras responsabilidades igual de importantes. Y en ese proceso, la organización deja de ser una simple habilidad administrativa para convertirse en una estrategia de vida.
Las mujeres están cada vez más preparadas para liderar empresas, innovar y transformar industrias. El desafío ahora no es demostrar que pueden hacerlo, sino construir entornos —tecnológicos, sociales y culturales— que les permitan hacerlo sin tener que elegir entre su proyecto profesional y su vida personal.
A lo largo de mi carrera como emprendedora he desarrollado una perspectiva del tiempo y del orden que me han permitido entender cómo la tecnología se puede incorporar de manera rápida y sencilla a diversas actividades que trascienden el aspecto empresarial.
Actualmente, como mentora de nuevas generaciones de mujeres emprendedoras, me gusta mostrarles que la tecnología además de llegar a nuestras vidas como parte primordial del trabajo, también nos da la oportunidad de construir historias diferentes a las de nuestras madres y abuelas: trayectorias donde el emprendimiento, la independencia económica y la realización personal pueden convivir con mayor libertad.
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Nota del editor: Elvira Montero es cofundadora de Bsale. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora.
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