Aquí una vez más te saluda tu amiga cincuentona. Cada 10 de mayo se repiten flores, desayunos, chocolates y frases bonitas. Todo eso está bien, claro. El tema, digamos inservible, aparece cuando celebramos a las madres con ideas viejas y repetimos patrones. Seguimos hablando de “la reina del hogar”, como si muchas mujeres no llevaran años sosteniendo también oficinas, empresas, aulas, hospitales, emprendimientos, proyectos públicos y decisiones familiares al mismo tiempo.
Mamá… misma palabra, diferente definición
La maternidad cambió. Y no porque ser madre haya perdido valor, al contrario; ganó nuevas dimensiones.
Durante décadas, siglos, se instaló una imagen reducida de la mamá; la mujer abnegada, la de la cocina, entregada por completo a la casa, dedicada al cuidado, invisible en lo económico y muchas veces dependiente en lo personal y en lo emocional. Esa figura existió y merece respeto, sin duda. Muchas sostuvieron familias enteras desde ese lugar, con trabajo no remunerado que pocas veces fue reconocido. Pero hoy esa postal ya no alcanza para explicar la realidad en su totalidad.
La madre contemporánea administra agendas “imposibles”, trabaja fuera de casa o en home office, emprende, estudia posgrados y doctorados, dirige equipos, paga cuentas, cuida hijos, acompaña a padres mayores, toma decisiones financieras y además carga con una presión social ¡brutal!; verse bien, ser paciente, estar disponible y no equivocarse nunca.
Se le exige éxito profesional sin descuidar la crianza; presencia absoluta en casa sin frenar su crecimiento; fortaleza emocional sin cansancio visible; productividad sin pausa; perfección sin ayuda. Y ojo, eso no es admiración…eso es una trampa.
La buena noticia es que muchas mujeres decidieron y decidimos romper ese molde. Hoy vemos madres liderando empresas, encabezando instituciones públicas, impulsando cambios sociales, construyendo patrimonio, opinando en medios, creando comunidad digital, desarrollando ciencia, tecnología, arte y política. Mujeres que no piden permiso para existir en más de un espacio.
Y sí, también vemos madres que eligen otros caminos. Algunas priorizan ciertos años de crianza, otras regresan después al mercado laboral, otras emprenden desde casa, otras crían solas, otras comparten responsabilidades en pareja, algunas más lo hacen en pareja homoparental, otras maternan sin renunciar a sus sueños personales. No hay una sola ruta legítima o absoluta.
Creo que ese es el cambio más importante de todos. La maternidad dejó de ser un destino uniforme y se convirtió en una experiencia diversa.
Sin embargo, no conviene que lo romanticemos. La sociedad celebra a la mamá multitask, pero no siempre le da condiciones reales. Faltan horarios laborales compatibles con la vida familiar, licencias corresponsables, guarderías suficientes, redes de cuidado, salarios justos y una cultura donde la crianza no recaiga casi por completo en ellas.
Porque mientras aplaudimos a la “supermamá”, muchas seguirán agotadas.
Y creo que aquí vale la pena oprimir un botón controversial; el avance femenino no puede sostenerse solo sobre jornadas dobles o triples. Si una mujer trabaja ocho o 10 horas fuera y al volver carga sola con todo lo doméstico, no estamos frente a igualdad; solo mudamos la carga de lugar.
El nuevo papel de las madres no consiste en hacer más cosas. Consiste en tener más opciones, más reconocimiento y más libertad.
Ser madre hoy puede convivir con la ambición profesional y con el deseo de estudiar a los 40 o 50. Con dirigir una empresa y con cambiar de carrera. Con rehacer la vida afectiva. Con poner límites, o decir “necesito ayuda”. Con no desaparecer como persona después de tener hijos.
Y sí... sé que eso incomoda a quienes crecieron con la creencia de que una buena madre debía sacrificarse en silencio.
Yo creo lo contrario. Una buena madre también enseña cuando se respeta a sí misma. Cuando muestra autonomía. Cuando trabaja por sus metas. Cuando comparte responsabilidades. Cuando sus hijos ven que el amor no exige borrarse.
Este Día de las Madres vale la pena celebrar con más verdad y menos cliché. Reconocer a quienes estuvieron en casa y a quienes salieron a conquistar espacios. A las que crían solas y a las acompañadas. A las que maternan con éxito visible y a las que resisten lejos de cualquier aplauso.
Mamá ya no cabe en una sola definición, y eso no es una amenaza para la familia, sino una evolución necesaria de la sociedad.
Quizá el mejor regalo no sea otro ramo de flores, otro chal, otros chocolates como los del año pasado. Quizá sea entender que detrás de muchas madres hay mujeres completas, talentosas, cansadas, brillantes, contradictorias, valientes y con derecho a seguir creciendo.
Y eso, aunque a algunos todavía les cueste aceptarlo, merece celebración todos los días.
¡Felicidades, mamás, hoy y siempre! Nos leemos en la próxima.
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Nota del editor: Verónica Salame (Instagram @veronica_salame) es una activista social en pro de la igualdad de género, impulsora del proyecto MuXejeres. Miembro del Women International Zionist Organization (WIZO), ex presidenta de la mesa de consejo de Children International. Actualmente es Vicepresidenta de la Red Internacional de Mujeres Empresarias y Líderes, RIMEL México. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora.
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