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El futuro del talento también pasa por la salud reproductiva

Todavía había un tema pendiente que rara vez ocupaba un lugar central dentro del entorno corporativo: la salud reproductiva.
lun 01 junio 2026 06:02 AM
mujer embarazada trabajadora, que tiene derecho a licencia de maternidad
Integrar la salud reproductiva dentro de la conversación corporativa no implica convertir a las empresas en instituciones médicas. Significa, más bien, reconocer que las personas atraviesan distintas etapas de vida mientras construyen su desarrollo profesional, considera Laura Tamayo.(iStock)

En los últimos años, la conversación sobre el talento dentro de las empresas ha cambiado de manera importante. Temas como la salud mental, el bienestar, la flexibilidad y el equilibrio entre la vida personal y laboral dejaron de verse como beneficios secundarios para convertirse en parte central de las estrategias de atracción y retención.

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A medida que las organizaciones comenzaron a competir no solo por resultados, sino también por construir espacios laborales más sostenibles y humanos, muchos temas que antes permanecían fuera de la agenda corporativa empezaron a ganar visibilidad. Sin embargo, todavía había un tema pendiente que rara vez ocupaba un lugar central dentro del entorno corporativo: la salud reproductiva.

Aunque las empresas llevan años impulsando conversaciones sobre diversidad, inclusión y bienestar, temas como la salud menstrual, la fertilidad, la maternidad o la menopausia permanecieron relegados de las discusiones sobre competitividad y sostenibilidad laboral. Se asumían, erróneamente, como asuntos exclusivos del ámbito privado.

Hoy, esa visión empieza a resquebrajarse. Cada vez más estudios sobre liderazgo y gestión de talento demuestran que las prestaciones adaptadas a las distintas etapas de vida tienen un impacto directo en la productividad, la permanencia y el compromiso de los colaboradores. La realidad es que millones de mujeres atraviesan estas distintas etapas de vida mientras construyen su trayectoria profesional, muchas veces en silencio, sin acompañamiento, políticas claras o espacios preparados para atender sus necesidades.

Todo esto obliga a replantear la forma en que las empresas entienden hoy el bienestar y la sostenibilidad del talento. Ya no basta con hablar de inclusión de manera general. Hoy, las empresas necesitan estructuras mucho más integrales, capaces de reconocer que la salud reproductiva también atraviesa la experiencia laboral de millones de personas.

Esta evolución también empieza a reflejarse en distintos análisis globales sobre bienestar y futuro del trabajo. El Global Wellness Institute, por ejemplo, señala que las empresas líderes están transitando de programas de bienestar periféricos hacia modelos integrales, donde el bienestar comienza a integrarse en el liderazgo, la cultura organizacional, la gestión del desempeño y la sostenibilidad del talento.

Bajo esa lógica, temas como la maternidad, la menopausia o la salud hormonal dejan de entenderse únicamente como asuntos individuales; empiezan a reconocerse también como variables que impactan directamente en la resiliencia y la sostenibilidad de largo plazo de las organizaciones. El reto ahora es cómo aterrizar esta conversación dentro de la operación cotidiana de las empresas.

Y, en realidad, algunas organizaciones ya comenzaron a dar pasos en esa dirección. Un ejemplo es la alianza impulsada en México entre Bayer y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), enfocada en fortalecer conversaciones y acciones alrededor de salud reproductiva, acceso a información y bienestar integral de las mujeres. Más allá de una iniciativa aislada, este tipo de colaboraciones reflejan cómo la conversación empieza a evolucionar desde la responsabilidad social hacia una visión mucho más vinculada con el desarrollo, la inclusión y la sostenibilidad del talento.

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Este cambio ahora necesita traducirse en acciones mucho más concretas dentro de las organizaciones.

En primer lugar, es necesario avanzar hacia políticas flexibles y licencias adaptadas con perspectiva de género. Esto implica ir más allá de los mínimos de ley. Las empresas del futuro tendrán que reconocer realidades biológicas que históricamente permanecieron invisibilizadas dentro del entorno laboral. Desde esquemas de flexibilidad para mujeres que enfrentan condiciones debilitantes como la endometriosis, hasta permisos específicos para acompañar tratamientos de fertilidad o procesos de reproducción asistida, que suelen generar una enorme carga emocional y física en las colaboradoras.

En segundo lugar, se requiere un cambio profundo en la cultura y la capacitación de los liderazgos. De poco sirve contar con manuales o beneficios si los equipos directivos no están preparados para reaccionar con empatía o si persisten sesgos que penalizan la maternidad o invisibilizan etapas como la menopausia. Hablar de estos temas sin incomodidad ni tabúes también forma parte de construir espacios laborales más modernos y sostenibles.

Finalmente, la infraestructura de bienestar también debe reflejarse en los beneficios de salud y en los propios espacios de trabajo. Esto implica revisar coberturas médicas relacionadas con salud hormonal, fertilidad o acompañamiento integral para distintas etapas de vida, así como construir entornos laborales que brinden condiciones más dignas, cómodas y seguras para millones de mujeres.

La forma en que las empresas respondan a esta conversación también terminará definiendo el tipo de liderazgo y cultura laboral que quieren construir hacia el futuro. Porque en un entorno donde el talento busca cada vez más espacios laborales empáticos, sostenibles y humanos, ignorarlas ya no representa únicamente una desconexión cultural, sino también una desventaja competitiva.

Integrar la salud reproductiva dentro de la conversación corporativa no implica convertir a las empresas en instituciones médicas. Significa, más bien, reconocer que las personas atraviesan distintas etapas de vida mientras construyen su desarrollo profesional, y que entender esas realidades será cada vez más importante para construir organizaciones más resilientes, inclusivas y preparadas para el futuro del trabajo.

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Nota del editor: Laura Tamayo es directora de Asuntos Públicos y Sustentabilidad en Bayer México. Síguela en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

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