Cada 8 de marzo, es común que retomemos conversaciones que se han mantenido constantes con los años: cerrar brechas, impulsar la igualdad de oportunidades y fortalecer la participación de las mujeres en todos los sectores. Más que una fecha simbólica, es un momento para reflexionar y para evaluar con objetividad si estas intenciones se están convirtiendo en cambios estructurales y resultados tangibles, o si siguen limitándose a un mero discurso.
STEM con perspectiva de futuro: una apuesta por el talento femenino
En tecnología, particularmente en las disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), el mensaje ha sido claro y consistente: necesitamos más mujeres. No obstante, el cuestionamiento de fondo, incómodo, pero imprescindible es otro: ¿cuánto hemos avanzado realmente? ¿Estamos generando condiciones sostenibles que impulsen una participación estructural y de largo plazo, o simplemente celebrando avances aislados que no transforman el sistema?
Sería injusto decir que nada ha cambiado, pues hoy vemos a más mujeres estudiando carreras tecnológicas que hace una década, más iniciativas de capacitación digital enfocadas en niñas y mujeres, y más empresas comprometidas con su desarrollo profesional.
La brecha sigue siendo significativa. La demanda de talento tecnológico crece a una velocidad que supera la capacidad de formación del sistema educativo, y México continúa desaprovechando el potencial de millones de niñas y jóvenes que podrían integrarse a la economía digital. No es solo un tema de equidad, sino de competitividad nacional: un país que no desarrolla todo su talento limita su crecimiento, reduce su innovación y compromete su posición en una economía basada en el conocimiento. Si queremos consolidarnos como un hub tecnológico relevante, necesitamos integrar a más mujeres.
Como líder de una compañía tecnológica, estoy convencido de que el talento no tiene género; sin embargo, también reconozco que históricamente las oportunidades sí han estado marcadas por sesgos. Aceptarlo es el primer paso para impulsar un cambio estructural, pues la evidencia es clara: los equipos diversos innovan más, abordan los desafíos con mayor creatividad y generan mejores resultados de negocio. Incrementar la participación de mujeres en STEM no es una agenda exclusiva de mujeres, sino una prioridad estratégica para el desarrollo económico y social de México. Es, en esencia, una decisión inteligente de negocio y de país si aspiramos a elevar nuestra competitividad y avanzar al siguiente nivel.
Cerrar esta brecha requiere acción coordinada y sostenida en el tiempo. El sector público debe fortalecer la educación científica desde una temprana edad y generar políticas que incentiven la participación femenina en sectores tecnológicos, asegurando acceso y formación de calidad. Las universidades deben crear entornos más inclusivos y conectados con la industria, con acompañamiento y oportunidades de inserción laboral. Y las empresas debemos sumar con mentorías, formación, contratación inclusiva y desarrollo de liderazgo femenino.
Al mismo tiempo, es fundamental reconocer que el desafío no es únicamente estructural, sino también cultural. Las niñas necesitan referentes visibles, entornos que impulsen su curiosidad científica y la certeza de que una carrera en tecnología es compatible con sus aspiraciones de vida. Romper estereotipos continúa siendo una tarea pendiente en múltiples espacios y requiere un compromiso colectivo.
En el sector empresarial, estamos convencidos de que el futuro digital debe diseñarse y construirse con diversidad desde su origen. Impulsamos programas de capacitación tecnológica, establecemos alianzas educativas y desarrollamos iniciativas orientadas a incrementar la participación de mujeres en áreas críticas como la ciberseguridad, un ámbito donde la escasez de talento es global y representa una oportunidad estratégica para integrar más talento femenino. No se trata solo de responsabilidad social; se trata de construir un ecosistema de innovación más fuerte y sostenible, capaz de responder a los desafíos complejos del entorno actual.
En la actualidad debemos enfocarnos menos en repetir diagnósticos y más en acelerar soluciones. Porque sí, necesitamos más mujeres en tecnología. Pero lograrlo no depende solo de ellas. Depende de las decisiones que tomemos como sociedad: gobiernos, empresas, instituciones educativas y comunidades. Cuando abrimos oportunidades reales para las mujeres en STEM, no solo avanzamos en igualdad; avanzamos en el futuro de México y en la construcción de un desarrollo más inclusivo y competitivo para todos.
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Nota del editor: Carlos Marcel es director general de Kyndryl México. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.
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