Conmemorar anualmente el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia el 11 de febrero nos ofrece una oportunidad invaluable para reflexionar sobre el talento que impulsa nuestro progreso. Históricamente, la conversación se ha centrado en cerrar brechas de acceso, pero hoy la realidad nos cuenta una historia mucho más retadora y llena de posibilidades: en México, el talento femenino ya no solo está presente, está listo para liderar la próxima gran transformación industrial.
Hacia un ecosistema que impulse el talento STEM femenino
A nivel global, el panorama nos sirve como un espejo de contraste necesario. Datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) indican que, en promedio, las mujeres representan apenas el 35% de los graduados en carreras STEM.
Cuando ponemos la lupa en México, vemos un avance alentador, pero que nos exige mayor compromiso: hoy, las mujeres ya representan el 38% de la matrícula total en las áreas STEM en el país. Aunque este dato coloca a México por encima del estándar internacional del 35% reportado por la UNESCO, la cifra nos recuerda que el camino hacia la paridad sigue siendo un desafío pendiente.
Esta realidad enfrenta obstáculos desde las etapas más tempranas. El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) advierte que la brecha de percepción comienza mucho antes de la universidad: apenas el 9% de las jóvenes mexicanas manifiesta interés por las ciencias o ingenierías antes de los 18 años. El hecho de que, a pesar de este bajo interés inicial, casi cuatro de cada 10 estudiantes en las aulas STEM sean mujeres, nos habla de una determinación admirable.
Ver estas cifras nos debe motivar a profundizar sobre nuestra responsabilidad estratégica. El siguiente paso es asegurar que ese impulso académico encuentre una pista de aterrizaje real. No basta con que las mujeres lleguen a las aulas; el verdadero éxito radica en que encuentren un ecosistema profesional que les permita desarrollarse, crecer y liderar.
La pregunta que nos hacemos quienes dirigimos organizaciones no es solo cómo convencer a más mujeres de estudiar carreras STEM, sino también cómo adaptar nuestras estructuras corporativas para que este talento florezca bajo principios de equidad.
Se necesitan construir sistemas de alta especialización que permitan que cualquier ingeniera o ingeniero visualice una trayectoria clara desde un entorno local hasta la dirección de un proyecto de escala global. No se trata solo de formar capacidades técnicas, sino de crear trayectorias reales de crecimiento bajo una cultura de equidad.
México tiene la oportunidad de consolidarse como una potencia STEM. Para lograrlo, tendremos que mirar más allá de las cifras de matrícula y enfocarnos en transformar los escenarios de decisión. Por esto, al final la cuestión no es solo cuántas mujeres entran a la ciencia, sino cuántas llegan a los espacios donde se define el futuro.
El talento está listo para crecer; ahora nos toca a nosotros estar a su altura y abrir los espacios donde ese conocimiento se convierta en la energía que transforme al mundo.
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Nota del editor: Javier Pastorino es Managing Director Siemens Energy Latam-North. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.
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