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Mundial 2026, la cancha también es nuestra

El futbol sigue siendo, en muchos sentidos, un territorio de hombres al que las mujeres son toleradas, pero no del todo bienvenidas.
vie 05 junio 2026 06:04 AM
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Según un informe del PNUD, la violencia de género en el futbol está tan incorporada a la cultura del deporte que muchas veces ni siquiera es reconocida como tal por quienes la ejercen, y en ocasiones tampoco por quienes la padecen, apunta María Eleana Esparza Guevara.(Foto: iStock)

Ir al estadio debería ser un acto simple: comprar una entrada, elegir el asiento, ver el partido. Para millones de mujeres en México y en el mundo, sin embargo, ese recorrido incluye una capa adicional de incomodidad que no viene descrita en el boleto. Una mirada de desconfianza, un comentario no solicitado, la presunción de que no saben lo que están viendo. El futbol sigue siendo, en muchos sentidos, un territorio de hombres al que las mujeres son toleradas, pero no del todo bienvenidas.

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El fenómeno se llama masculinización del espacio deportivo y este junio futbolero le dedicamos el reporte mensual de Ola Violeta AC. Según la socióloga australiana Raewyn Connell, cuya teoría de la masculinidad hegemónica es reconocida a nivel mundial, sobre todo en los estudios de género y deporte, los espacios deportivos funcionan como escenarios donde ciertos modelos de masculinidad se afirman, se ritualizan y se protegen frente a cualquier presencia que los cuestione.

En América Latina, el investigador Pablo Alabarces ha documentado cómo el futbol opera como uno de esos espacios de identificación masculina donde la presencia femenina se tolera en roles específicos: la pareja, la madre, la porrista, pero se resiste cuando se trata de aficionadas con criterio propio. Y ellas, las verdaderas aficonadas, suelen enfrentar una resistencia sutil pero constante.

Esa resistencia puede tomar formas tan cotidianas que resultan difíciles de nombrar. La machoexplicación (o mansplaining) futbolística —explicarle el fuera de juego a alguien que lleva décadas siguiendo al equipo— es quizá la más extendida y la más normalizada. Según un estudio de la Football Supporters Association presentado ante el Congreso Europeo de Hinchas (EFFC), el 44% de las aficionadas reportó haber escuchado la frase: “Sabes mucho para ser mujer”, un 10% más que el registrado una década antes. Lejos de retroceder, la condescendencia avanza.

Pero hay formas más graves. En México, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publicó en 2025 el informe “Tarjeta roja a la violencia de género”, que documenta las experiencias de jugadoras, árbitras, periodistas y aficionadas en el ecosistema futbolístico nacional: el 78% de las mujeres encuestadas reportó haber experimentado alguna forma de violencia de género en ese entorno, que va desde agresiones verbales hasta acoso sexual. El 41% señaló haber enfrentado tocamientos, gestos obscenos o comentarios de naturaleza sexual. El estadio no es el único escenario, pero tampoco es la excepción.

Lo que hace más complejo el problema es su normalización. Según el mismo informe del PNUD, la violencia de género en el futbol está tan incorporada a la cultura del deporte que muchas veces ni siquiera es reconocida como tal por quienes la ejercen, y en ocasiones tampoco por quienes la padecen. Los mecanismos de denuncia a nivel global son dispares y la respuesta institucional ante cualquier agravio suele ser vaga.

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El Mundial convoca a millones de personas a los estadios. Muchas de ellas son mujeres que conocen el fuera de juego, la regla del balón en juego, la historia de su selección... Que van a ver futbol, no a ser vistas. La pregunta que queda abierta no es si las mujeres pertenecen a ese espacio –llevan décadas demostrando que sí–, sino cuándo el futbol les dejará de exigir que lo prueben.

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Nota del editor: María Elena Esparza Guevara es fundadora de Ola Violeta A.C. Doctoranda en Historia del Pensamiento por la UP y egresada del Programa de Liderazgo de Mujeres de la Universidad de Oxford. Síguela como @MaElenaEsparza Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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