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Una cuesta más costosa, la femenina

Pedir a las mujeres trabajar más no es un consejo: es pedirles que estiren todavía más una jornada que ya es doble, a costa de su salud, su descanso y su tiempo.
mié 28 enero 2026 06:05 AM
Una cuesta más dolorosa, la femenina
La Organización Internacional del Trabajo estima que las mujeres ganan en promedio 20% menos que los hombres globalmente, una brecha que en la vida cotidiana se traduce en menos ahorro, menos crédito accesible y menos capacidad para enfrentar emergencias, apunta María Elena Esparza Guevara.(Foto: iStock)

Cuando el presupuesto no alcanza durante la cuesta, el consejo más repetido es “trabaja más”. Pero para las mujeres en México, esa supuesta solución es en realidad una trampa que profundiza la desigualdad. Ola Violeta se puso a analizar la situación y documentó cómo este ajuste forzado se monta sobre una estructura que ya nos pone en desventaja.

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En el tercer trimestre de 2025, 13.6 millones de mujeres estaban en ocupación informal, un aumento de 125,000 respecto al año anterior. Los datos del Inegi sobre informalidad son fríos y dificultan comprender el drama; en la vida cotidiana, significa: ingresos variables, ausencia de prestaciones, incertidumbre ante enfermedad y un riesgo constante de quedar desprotegidas justo cuando más se necesita estabilidad. Durante invierno, cuando se multiplican gastos de salud estacional, la falta de seguridad social pega directo al presupuesto familiar.

Pero el problema es más profundo. Como documenta ONU Mujeres, ellas dedican en promedio tres veces más tiempo que los hombres al trabajo de cuidados no remunerado. Esa segunda jornada —cuidar, limpiar, alimentar, acompañar a la escuela, atender enfermos— no desaparece cuando llega enero. Pedirles trabajar más no es un consejo: es pedirles que estiren todavía más una jornada que ya es doble, a costa de su salud, su descanso y su tiempo.

La subocupación es parte del problema. El Inegi reporta 1.7 millones de mujeres en esa condición: necesitan y están disponibles para trabajar más horas, pero el empleo disponible no se las ofrece o no paga suficiente. En enero, esa urgencia puede empujarlas a aceptar condiciones más precarias. Y como las restricciones de tiempo por cuidados limitan el tipo de trabajos que pueden tomar, terminan con frecuencia en ocupaciones de menor protección y paga.

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El reporte “Cuesta, y cuesta más, a las mujeres” muestra que el 47.1% de las mujeres ocupadas gana hasta un salario mínimo, contra el 34.3% de los hombres. Cuando el punto de partida ya es el piso salarial y el margen para absorber alzas de precios es mínimo, trabajar más horas en la informalidad no cierra brechas: las amplía. La Organización Internacional del Trabajo estima que las mujeres ganan en promedio 20% menos que los hombres globalmente, una brecha que en la vida cotidiana se traduce en menos ahorro, menos crédito accesible y menos capacidad para enfrentar emergencias.

La secuencia es clara: enero presiona con reinscripciones escolares, consultas médicas, ajustes de renta... La inflación en rubros básicos aprieta. La brecha salarial reduce el margen. Y la respuesta disponible para muchas mujeres es el trabajo extra en condiciones precarias. Esa secuencia es desigual, porque no parte del mismo punto para todas las personas. Para quienes sostienen sus hogares, el ajuste es más costoso: más horas, más desgaste, más incertidumbre y menos derechos.

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Mientras la respuesta a la desigualdad sea trabajar más, estamos normalizando el desgaste. La cuesta de enero sufrida por las mujeres no es anécdota, sino un tema de urgente atención. Nos cuesta más a todos evadirlo.

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Nota del editor: María Elena Esparza Guevara es fundadora de Ola Violeta A.C. Doctoranda en Historia del Pensamiento por la UP y egresada del Programa de Liderazgo de Mujeres de la Universidad de Oxford. Síguela como @MaElenaEsparza Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora.

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