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¿Ser la mujer maravilla en este entorno tan complejo?

Las mujeres no solo tenemos que lidiar con las expectativas de nuestro entorno laboral, también debemos lidiar con el social, lo que significa cumplir con lo que se espera de cada una por ser mujer.
sáb 27 agosto 2022 07:00 AM
¿Ser la mujer maravilla en este entorno tan complejo?

(Expansión Mujeres) - Nunca ha sido fácil ser mujer, cumplir con los cánones impuesto en las diferentes épocas ha sido complicad. Sin irme muy lejos, hace menos de un siglo se esperaba que las mujeres nos quedáramos en la casa, nos hiciéramos cargo de que todo estuviera perfecto, hijas, hijos, labores del hogar y por supuesto todo aquello que hiciera feliz al marido.

Los artículos de revistas femeninas de los años 40 y 50 hoy nos parecen sátira, pero no debemos olvidar que esa era la realidad; evitar que los hijos molestaran con su ruido al marido cuando estaba descansando, no abrumarlo con nuestros problemas porque los suyos eran más importantes; tener la comida lista y lo que a él le gustaba; no quejarse de ninguna conducta del esposo, entre otras muchas cosas y, por supuesto, no olvidar la pantuflas listas.

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El feminismo y las mujeres que han trabajado y luchado por la igualdad, equidad y derechos nos heredaron un gran avance, por supuesto falta, pero fue mucho lo que lograron. No todos los países tienen las mismas realidades y ni siquiera todas las clases sociales, poblaciones y comunidades las tienen. Nos falta un muy largo camino por recorrer.

Pero en este camino las mujeres nos hemos ido entrampando en el sueño de la mujer maravilla que, a veces pienso que más que un logro, se ha convertido en un castigo, donde las expectativas propias y las de los demás nos están costando la felicidad y sobre todo el autocuidado y la salud mental.

Aquí hablaré desde mi entorno, sobre todo laboral, ya que para nosotras existen realidades muy diversas, unas mucho más complejas que otras. ¿Cómo conseguir ser la mujer maravilla en este entorno tan complejo? Porque antes teníamos que decidir; si querías ser madre no podías trabajar, abandonar a tus hijos era (es) un estigma muy duro, no importa si había la necesidad económica. Estudiar era cosa de hombre, ¿por qué estudiaría una mujer si se va a dedicar a cuidar a sus hijos?

Pero en este entorno esa realidad ha cambiado, claro que en un gran sentido ha sido un cambio positivo, pero también ha implicado una carga muy pesada para las mujeres.

Hoy se espera que las mujeres tengamos estudios, por lo menos de licenciatura, pero deseable de maestría; que tengamos experiencia laboral ininterrumpida y, por supuesto, se busca que no tengamos hijos, de preferencia tampoco familiares que tengamos que cuidar y que estemos dispuestas a dedicarnos por lo menos 12 horas al día a nuestro trabajo.

Si tenemos hijos o pensamos tenerlos es un contra para la contratación, pero lo que sí se espera es que eso no nos distraiga de nuestras labores y de tener la camiseta muy bien puesta. Aun con todas esta expectativas, nuestro sueldo es menor que el de un hombre en las mismas condiciones, según un estudio hecho por PwC México, junto con la Bolsa Institucional de Valores (BIVA) y Mujeres Invirtiendo, la brecha salarial es del 27%, mientras que en niveles directivos alcanzó el 30%.

Estamos hablando de un país donde, según cifras del INEGI, 1 de cada 3 hogares está ‘jefaturado’ por una mujer, eso significa que todas esas mujeres trabajan para mantener su hogar, más allá de si tienen el deseo de trabajar. Y la gran mayoría de ellas gana menos que un hombre por el mismo trabajo, sin descontar la doble jornada que debe realizar al llegar a casa.

 

Pero las mujeres no solo tenemos que lidiar con las expectativas de nuestro entorno laboral, también debemos lidiar con el entorno social, lo que significa cumplir con lo que se espera de cada una por ser mujer. Y sorprendentemente en pleno siglo XXI las cosas no han cambiado mucho. Debes casarte, tener hijos, hacerte cargo de la casa y, ahora sí, sumamos haber estudiado y tener una carrera laboral.

Cada una se desglosa en un montón de “pequeñas” expectativas que se deben cumplir. Por ejemplo, la norma marca que para ser una buena madre se debe amamantar y, por algún extraño motivo, cualquier mujer de tu circulo o desconocida puede opinar sobre la forma en la que decides alimentar a tus hijos; hay que ser mamá presente, por supuesto habrá quien opine de la importancia de la crianza positiva y quien crea que las prácticas de golpes y castigos eran mejores. Debes tener tiempo para ser una buena esposa y cumplir con lo que esto significa y por supuesto no dejar de lado leer, hacer ejercicio y ver a tus amigas.

Es importante mencionar que para lograr todo esto uno tiene que sortear toda serie de obstáculos que el gobierno, el entorno laboral y la sociedad te ponen. El gobierno eliminó las estancias infantiles y las escuelas de tiempo completo, así que si no tienes seguridad social necesitas tener el recurso para ver quién o dónde cuidan de tus hijos. Pocos trabajos ofrecen flexibilidad para que las mujeres puedan salir a recoger a sus hijos a las 2:00 pm y trabajen desde casa mientras al mismo tiempo los cuidan.

¿Lactancia? No importa qué tan demostrados estén los beneficios de la lactancia materna o el interés que tenga la madre, una vez más las leyes, políticas públicas y políticas laborales no están hechas para apoyar a las madres a que sigan con la lactancia, en el mejor de los casos las que tienen seguridad social podrán hacerlo por tres meses, las que no…. quién sabe.

Pero llegamos al último y al más duro juez, nosotras mismas. Nosotras nos hemos convencido de que tenemos que ser esa mujer maravilla, estar embarazada, hacerte cargo de tus otros hijos e hijas, trabajar jornada completa pero estando presente, que la casa funcione y no falte nada, ser esposa, hermana, hija, amiga etc., etc., cumplir con doble o triple jornada, pocas horas de sueño y descanso, mucho estrés y muchas expectativas propias y ajenas.

Con muy poco apoyo del gobierno, poco apoyo social, sobre todo si las mujeres de tu alrededor están en el mismo estado y con hombres que en el mejor de los casos “ayudan” a las labores domésticas, pero aún no se comprometen en equidad.

Hoy las mujeres esperamos demasiado de nosotras y lo que estamos logrando es un desequilibrio brutal que nos está costando enfermedades y un altísimo riesgo en salud mental y esto en consecuencia pone en riesgo a nuestras hijas, hijos, familia, nuestro trabajo y por supuesto nuestra realidad social.

Necesitamos empezar a entender desde lo personal y lo social que no existe la mujer maravilla, debemos dejar de exigirles a otras mujeres y a nosotras mismas cumplir con esos estándares. A las que somos madres nos toca educar con un cambio de mentalidad en una verdadera equidad, a las que somos jefas o tenemos puestos de dirección a ser empáticas y abrir espacios mucho más flexibles donde podamos apoyarnos entre nosotras. Como sociedad nos toca pedirle al gobierno que genere leyes y políticas públicas que nos permitan cumplir con cada uno de los roles que escojamos.

 

Perder el equilibrio de cientos de miles de mujeres que todos los días hacemos malabares para cumplir con nuestros roles pone en riesgo a toda nuestra sociedad; empecemos por cuidarnos, por pensar en nosotras, por darnos la oportunidad de fallar o decir no puedo, la mujer maravilla no existe.

Y aquí quizá prefiera hablar en primera persona para no generalizar, aun sabiendo que muchas muchísimas mujeres de mi entorno viven lo mismo.

Nota del editor: Jimena Cándano estudió la licenciatura de Derecho en la Universidad Iberoamericana. Obtuvo el grado de Maestría en Administración Pública con enfoque en Desarrollo Comunitario y Transformación Social en la Universidad de Nueva York. Actualmente es la Directora Ejecutiva de la Fundación Reintegra. Síguela en Twitter y en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

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