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Los retos de la movilidad social para las mujeres

Es necesario mirar las alternativas que hay a nuestro alcance para ayudar a generar condiciones más favorables y equitativas para las mujeres, señala Laura Tamayo.
mié 17 agosto 2022 06:05 AM
Los retos de la movilidad social para las mujeres
Del lado de las empresas, busquemos herramientas para ir más allá de las clásicas acciones de responsabilidad social e integrémoslas en nuestras cadenas de valor para ayudarlas a mejorar sus ingresos y el bienestar de sus familias, recomienda Laura Tamayo.

(Expansión Mujeres) - En tiempos recientes, pareciera que hablar de movilidad social en nuestro país se ha vuelto más frecuente, en especial cuando se trata de buscar fórmulas eficaces para gestionar la compleja transformación global con los menores costos sociales posibles.

La lucha contra la desigualdad se erige en los liderazgos políticos y económicos para evidenciar aquellos aspectos que favorecen o limitan las posibilidades de un individuo o grupo, de mejorar sus niveles de bienestar.

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Sin embargo, el hecho de que el tema esté en la agenda social y mediática no garantiza que se trabaje de manera efectiva en la generación de oportunidades de desarrollo y prosperidad para todos los integrantes de nuestra sociedad.

Entendiéndola como la posibilidad de ascenso o descenso entre estratos socioeconómicos, nuestro país se ha caracterizado por una baja movilidad social, convirtiendo a la exclusión como un elemento que puede heredarse de generación en generación. Esto deriva en un círculo vicioso -no virtuoso- que detiene las expectativas de progreso de las mujeres y de sus hijos, quienes crecen con una huella que suele marcar su desarrollo educativo y profesional, profundizando las desigualdades y acrecentando la brecha entre las distintas capas sociales.

Ante este panorama, las mujeres tienen que remar contracorriente y enfrentarse a un reto más en la larga lista de desigualdades de género que incluyen a la violencia y la discriminación.

Uno de los principales obstáculos es la mayor carga diferenciada en las tareas no remuneradas como el cuidado de menores o adultos mayores, hecho que les impide, en distinta medida, participar en la educación y el empleo, así como el acceso a mejores servicios de seguridad social, formación de patrimonio y contar con planes de pensiones y retiro.

La disparidad en el acceso a servicios de salud sin duda impacta considerablemente sus posibilidades de movilidad social, colocándolas en condiciones de vulnerabilidad. Estas brechas pueden implicar que una enfermedad acabe con el patrimonio familiar y con las posibilidades futuras de ingreso.

En temas educativos, es vital acrecentar los esfuerzos para ampliar el acceso a una mejor educación que les permita adquirir habilidades y conocimientos necesarios para insertarse y desenvolverse eficientemente en el ámbito laboral. Debemos recordar que la educación es la clave del conocimiento y el principal detonador de movilidad social.

El Centro de Estudios Espinosa Iglesias (CEEY) señala que, para lograr una mayor movilidad, es necesario elevar la igualdad de oportunidades a través de la protección social, la educación de calidad, la flexibilidad laboral con seguridad y la inclusión financiera. En su último Informe de Movilidad Social 2019, destaca tres retos importantes en políticas públicas para favorecer la movilidad social en las mujeres a través de:

1. Una política educativa incluyente y de calidad que mejore las competencias cognitivas y socioemocionales de las estudiantes y que establezca un mecanismo amplio para facilitar —que no adelantar— la transición de los jóvenes de la escuela hacia el mercado laboral.

2. Un mercado laboral más estable y formalizado que incorpore a las políticas y programas, acciones afirmativas y compensatorias en favor de la población con condiciones socioeconómicas desfavorables de origen, la población indígena y las mujeres.

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3. Protección Social Universal que establezca mecanismos que aseguren un piso mínimo de bienestar social, para que las condiciones en las que se nacen no determinen las oportunidades de logro y bienestar a lo largo de la vida.

Sin duda es necesario mirar las alternativas que hay a nuestro alcance para ayudar a generar condiciones más favorables y equitativas para las mujeres. Del lado de las organizaciones, busquemos las herramientas para ir más allá de las clásicas acciones de responsabilidad social e integrémoslas en nuestras cadenas de valor para ayudarlas a mejorar sus ingresos y el bienestar de sus familias.

Nota del editor: Laura Tamayo es Directora de Asuntos Públicos, Comunicación y Sustentabilidad en Bayer México. Síguela en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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