Publicidad
Publicidad

El triunfo que no terminó el domingo

El avance del futbol femenil en México ha sido significativo: dejó de entenderse como un proyecto paralelo para consolidarse como una industria con identidad propia.
katia itzel arbitro  (1).png
Katia Itzel García hizo historia al convertirse en la primera mujer mexicana y latinoamericana en arbitrar un partido de un Mundial masculino.(Fotografía: Juan Mabromata)

Durante estas semanas, el Mundial volvió a recordarnos el enorme lugar que ocupa el futbol en la vida de los mexicanos. Más allá de los resultados, pocas cosas tienen la capacidad de reunirnos como este deporte. Nos emociona, nos ilusiona, nos hace conversar con desconocidos y nos devuelve, aunque sea por un momento, esa sensación de estar mirando todos hacia el mismo lugar.

Publicidad

Y en medio de esa emoción, mientras veía un partido hace unos días, pensaba que pocas veces nos detenemos a reconocer cuánto ha cambiado este deporte en México en los últimos años. No solo dentro de la cancha, sino también en la manera en que cada vez más mujeres participan, lideran y contribuyen a su transformación desde espacios que hace apenas unas décadas parecían inalcanzables.

La transformación del futbol mexicano no se explica únicamente por lo que ocurre durante 90 minutos. Detrás del crecimiento que hoy vemos hay años de trabajo, profesionalización y una visión de largo plazo. Quizá por eso el avance del futbol femenil en México ha sido tan significativo: dejó de entenderse como un proyecto paralelo para consolidarse como una industria con identidad propia.

Hoy la Liga MX Femenil es la más vista del mundo. En 2025 alcanzó 67.8 millones de espectadores, superando a competiciones con mucha mayor trayectoria en Estados Unidos, Inglaterra y Alemania. Hoy figura entre las ligas con mayor asistencia promedio, ha construido un ecosistema capaz de atraer más de 200 patrocinadores y comienza a exportar talento mexicano a algunas de las ligas más competitivas del planeta.

Pero esta historia no empezó hace ocho años con la creación de la Liga MX Femenil. En realidad, comenzó mucho antes. Mucho antes de que existieran contratos profesionales, transmisiones de televisión o marcas interesadas en invertir, hubo mujeres que salieron a la cancha cuando el mayor rival no era el equipo de enfrente, sino la idea de que ese deporte no les pertenecía.

Pocas personas recuerdan que México fue protagonista de los primeros Mundiales femeniles de la historia, celebrados en 1970 y 1971, dos décadas antes de que la FIFA organizara su primera Copa Mundial oficial. Aquella selección no solo consiguió un tercer lugar y un subcampeonato; en 1971 llevó a más de 100,000 personas al Estadio Azteca para disputar una final frente a Dinamarca, una cifra que durante décadas permaneció fuera de los grandes relatos del futbol.

Cinco décadas después, aquel camino sigue dando frutos. Hoy ese legado puede verse en muchos frentes. En el liderazgo de Mariana Gutiérrez al frente de la Liga MX Femenil; en el trabajo de Andrea Rodebaugh impulsando el desarrollo del futbol femenil desde la Federación Mexicana de Futbol; en Katia Itzel García, abriendo camino en el arbitraje internacional; en Elisa Cenal, llevando el talento mexicano a los equipos de alto rendimiento de la Premier League; y también en comunicadoras como Georgina "Geo" González, Majo González y Paulina Chavira, quienes han contribuido a transformar la forma en que se narra y analiza el futbol desde los medios de comunicación. Y, por supuesto, en miles de niñas y jóvenes que hoy encuentran referentes donde hace algunos años apenas había excepciones.

Publicidad

Y eso, más allá del deporte, me parece una historia que vale la pena contar. Son el resultado del trabajo de muchas personas que, generación tras generación, decidieron abrir espacios, profesionalizar estructuras y apostar por el talento.

Y quizá esa sea la reflexión más valiosa que me deja este Mundial.

Durante mucho tiempo creímos que el gran reto era abrir espacios para que más mujeres participaran. Hoy estoy convencida de que abrir la puerta es apenas el primer paso. Lo verdaderamente transformador ocurre cuando las organizaciones desarrollan el talento, lo acompañan, lo profesionalizan y le permiten crecer.

Empresas, universidades, instituciones públicas y organizaciones sociales enfrentan hoy un desafío similar: dejar de ver el talento femenino como una conversación pendiente y comenzar a entenderlo como una ventaja estratégica. Porque el talento, por sí solo, nunca basta. Necesita liderazgos que crean en él, estructuras que lo impulsen y una visión de largo plazo que permita convertir el potencial en resultados.

Eso implica traducir la intención en decisiones concretas: identificar el talento, acompañar su desarrollo, construir rutas de crecimiento y generar condiciones para que más mujeres puedan asumir responsabilidades, liderar y permanecer en las organizaciones.

El futbol femenil mexicano también demuestra que el talento genera un efecto multiplicador. Cada jugadora, árbitra, directiva, entrenadora, médica o especialista que hoy ocupa una posición de liderazgo amplía el horizonte para quienes vienen detrás. No solo porque inspira, sino porque normaliza la presencia de mujeres en espacios donde antes eran la excepción.

Quizá por eso el mayor triunfo del futbol femenil mexicano no está únicamente en los récords de audiencia, los campeonatos o el reconocimiento internacional. Está en haber demostrado lo que ocurre cuando una organización apuesta de manera consistente por desarrollar el talento. Cuando existe una visión compartida, paciencia para construir y la convicción de que los grandes resultados rara vez llegan de inmediato.

Publicidad

Ahora que la euforia mundialista comienza a quedar atrás, vale la pena recordar que detrás de cada gol, cada estadio lleno y cada récord hay historias que comenzaron mucho antes del silbatazo inicial. La del futbol femenil mexicano es una de ellas. Una historia construida por mujeres que decidieron abrir camino cuando casi nadie imaginaba hasta dónde podían llegar. Hoy ese camino sigue creciendo. Y quizá el mejor legado que puede dejarnos esta generación sea que las niñas que sueñan con formar parte del futbol ya no tengan que preguntarse si ese lugar también les pertenece.

_____

Nota del editor: Laura Tamayo es directora de Asuntos Públicos y Sustentabilidad en Bayer México. Síguela en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

Health Café

Publicidad