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El peligro de la positividad tóxica

La positividad tóxica dentro de un equipo de trabajo crea un clima en el que los integrantes no pueden ser honestos en relación a cómo se sienten, apunta Adriana Castro.
mar 09 noviembre 2021 11:59 PM
El peligro de la positividad tóxica
Cuando se crea un entorno de autenticidad y empatía, los equipos pueden producir un optimismo realista en el que se acepten esas emociones desagradables y no se escondan debajo de la alfombra, considera Adriana Castro.

(Expansión Mujeres) - ¿Te ha pasado que en momentos en los que te sientes triste intentas animarte con frases como “debo ser positiva y ver el lado bueno de esto” o “no debo quejarme porque hay personas que tienen problemas peores que el mío”?

Si te ha ocurrido, cuidado, estás cayendo en el lado oscuro del optimismo.

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En realidad, se llama positividad tóxica y ocurre cuando, ante la adversidad, buscamos evadir las emociones desagradables. Es una manera inconsciente de ‘protegernos’. Como avestruz que al meter la cabeza en el agujero, cree que los problemas desaparecerán.

En el trabajo, por ejemplo, si alguien atraviesa un duelo o expresa su molestia por algo la reacción de la mayoría es decirle ‘intenta ser positiva’. Cada vez que alguien menciona esto básicamente le está diciendo ‘Estás mal por sentir lo que estás sintiendo’.

Quien recibe estos mensajes, lejos de sentirse motivada siente culpa o vergüenza por no poder manejar su situación. Para colmo, las mujeres cargamos con algo más: el estigma de que al compartir nuestras emociones en ambientes de trabajo solemos ser etiquetadas como incómodas, intensas o dramáticas.

La positividad tóxica dentro de un equipo de trabajo crea un clima en el que los integrantes no pueden ser honestos en relación a cómo se sienten. El riesgo de ello es que a la larga pueden ocurrir dos cosas: la persona se aislará hasta no poder contenerse y explotará o recurrirá a quejarse de la situación con el resto del equipo.

Además, frases ‘motivantes’ como “querer es poder”, “no hay imposibles”, “la actitud es lo único que importa”, “si yo pude, tú puedes”, reflejan una ausencia total de empatía cuando se dicen a una persona que está atravesando por un problema. La actitud sí es importante pero no es lo único.

Hay muchos factores que influyen para que una persona logre una meta. No podemos comparar un proceso con otro porque cada persona tiene fortalezas y contextos diferentes.

Lo sé, son frases que decimos sin reflexionar en su trasfondo y salen de un deseo genuino de ayudar para que la persona esté mejor, pero el resultado es contraproducente.

Entonces ¿qué sí ayuda?

La solución en estos casos es escuchar más que hablar. Entrar en contacto con el lado más humano para que la persona se sienta cómoda expresando sus emociones y hablando de cualquier dificultad. Pero esto implica que las mismas líderes se quiten el rol de ‘inquebrantables’ y reconozcan sus emociones al momento de enfrentarse a los problemas. Predicar con el ejemplo, ser capaz de ser honesta y compartirlo puede animar al resto del equipo a abrirse también. Está bien no estar bien todo el tiempo.

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Cuando se crea un entorno de autenticidad y empatía, los equipos pueden producir un optimismo realista en el que se acepten esas emociones desagradables y no se escondan debajo de la alfombra. Sólo reconociéndolas y aceptándolas se digieren y de manera natural se da paso de nuevo a la productividad.

Cuando se presenta una situación adversa, abrazar la tristeza, aceptar el enojo, reconocer el miedo y expresarlo de manera asertiva es bueno para la salud mental.

Por ejemplo, si una persona atraviesa un duelo ayuda mucho validar sus sentimientos.

Evita decir:

- No pienses en eso, sé positiva.
- No te preocupes, sólo sé feliz.
- Si yo pude, tú también.
- Podría ser peor.
- Tienes todo para ser feliz, sólo tienes que verlo.

Di:
- Describe lo que sientes, te escucho.
- Veo que algo te preocupa, ¿puedo ayudarte?
- Las fortalezas y debilidades de cada persona son distintas y eso está bien.
- Siento que estés pasando por esto.
- Entiendo, sé lo que sientes, yo también he vivido esa emoción.

Acompañar a las personas que tenemos cerca es a veces más simple de lo que creemos. Empecemos por evitar la positividad tóxica, que es muy distinta a la ciencia de la felicidad.

De hecho, de acuerdo con la psicología positiva, la felicidad tiene dos componentes:

El hedónico, que está basado en el placer y las emociones agradables (pero esta es una felicidad efímera). El otro componente es el eudaimónico, que se basa en metas o en cultivar relaciones y requiere que pongamos nuestras fortalezas en acción. Esto incluye estar abierto a que las cosas no siempre salgan como esperamos y cuando eso sucede, darnos permiso de experimentar la incomodidad y las emociones desagradables.

La felicidad también es buscar un bien mayor a pesar de no experimentar emociones positivas en el momento.

Aprender a convivir con nuestras emociones y hacer un alto para acompañar a una persona que la está pasando mal es un recurso muy valioso para afrontar la adversidad. Hacerlo fortalecerá tu relación con los demás y se traducirá en una vida más plena para ti.

Nota del editor: Adriana Castro tiene una especialidad en Psicología de la Creatividad por la Universidad Autónoma de Barcelona. Es fundadora de Call to Action: Empresas felices. Síguela en LinkedIn , Facebook y/o Instagram . Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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