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Celos laborales con una compañera, ¿qué hacer?

En psicología positiva usamos un término: la “aceptación activa”. Se trata de aceptar las cosas como son y elegir cuál es la actitud que quieres tomar hacia ellas, señala Adriana Castro.
mié 30 junio 2021 12:00 AM

(Expansión Mujeres) - Imagina que una compañera a quien aprecias se postula para tomar el cargo que tú estabas buscando y lo obtiene. ¿Qué sentirías?

En primer lugar, ella estaría haciendo lo que muchas deberíamos: levantar la mano. Diversos estudios revelan que en el contexto laboral las mujeres nos quedamos esperando a ser elegidas y nos hace falta tomar más iniciativa.

Pero más allá de esto, ¿sentirías celos laborales de que ella logre algo que tú no?

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Para las mujeres sin hijos por circunstancias (es decir, quienes anhelábamos ser mamás pero nuestra situación lo impidió) los celos y el enojo son emociones frecuentes. Esos años en los que quise ser mamá, recuerdo perfecto que cuando mis amigas celebraban que estaban embarazadas me sentía enojada. Esto me generaba culpa porque sabía que no debía sentir envidia.

Han pasado varios años de esto y ahora estoy en paz con el hecho de no ser madre pero... el tema de los celos laborales, a veces me sigue fallando.

El año pasado participé como ponente en el Foro Happiness at Work CDMX. Es un evento anual en el que expertos en el tema de felicidad compartimos las mejores prácticas para crear ambientes que favorezcan la felicidad en el trabajo. Algo que le da mucho sabor al encuentro es que al final el público vota por la ponencia más relevante. Yo ya había participado hace tres años y en aquella ocasión gané el primer lugar.

Así que en 2020 iba preparada, confiada y con el ego hasta arriba. Ahí estaba yo, dando mi ponencia, sacando mis mejores argumentos, dominando el escenario virtual con elocuencia y sacando esos chistes cuyos remates son infalibles.

Sentí que partí plaza, así que terminé mi ponencia con una sonrisota. Esperé pacientemente a que se anunciara el resultado de la votación.

Para mi sorpresa los resultados revelaron que yo había quedado en un vergonzoso ¡segundo lugar! y quien se llevó las palmas fue un buen amigo a quien aprecio bastante.

Sí, debí sentir felicidad porque fue mi amigo quien ganó, pero no pude más que experimentar una devastadora derrota. Miré al suelo y vi mi ego tirado en pose de diva sollozando inconsolablemente.

Pues ¿qué no debemos ser felices al ser testigos de la felicidad de quienes apreciamos? Una vez más en mi vida sentí celos y envidia. En esos días, lo que más me incomodaba era sentir algo ‘que no debería’.

¿Por qué siento celos de mi amigo? Se lo confesé a mi terapeuta en busca de algo que me diera perspectiva. Hablar con ella me ayudó a entender que sentir celos es natural e inevitable. Hay ciertas emociones que no podemos ‘no sentir’.

Nadie está exento de sentir celos, miedo, ansiedad o enojo. No te enfoques en evitar sentirlas, sino en prestar atención a qué haces con ellas”, me dijo.

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Un primer paso es aceptar lo que sientes. Los celos se intensifican en la medida en que los ocultas. Entre más te rehúses a aceptar que sientes celos de una compañera, más te alejarás de ella de manera inconsciente y tratarás de convencerte que no era tan relevante en tu vida.

Incluso probablemente establezcas algún argumento racional -más bien un pretexto- para alejarte. Porque sí, las personas somos sentimientos y pensamientos. Con frecuencia nos inventamos pensamientos que justifiquen lo que sentimos.

Es en la medida en que aceptas lo que sientes que puedes actuar de manera noble. Aceptar tus emociones tendría que ser tan natural como tu facilidad para aceptar que la semana tiene siete días. Nadie lo cuestiona. ¿has escuchado a alguien que se queje de lo inadecuado que es que la semana tenga siete días? No. Todas las personas aprendimos a vivir con eso y a tratar de ser productivas con lo que hay.

Lo mismo tendríamos que hacer con las emociones desagradables; hay que aceptarlas, abrirles la puerta para que entren. Porque son como huéspedes, se quedan un rato y después se van.

“¿Qué ayuda a aceptarlas?”, pensarás. Expresarlas. Ya sea que las comuniques a alguien cercano o las escribas o vayas a un grupo en el que te sientas en confianza para compartirlo. Dejarlas ir crea espacio para que enfoques tu energía en otras actividades que te hacen bien.

En psicología positiva usamos un término: la “aceptación activa”. Se trata de aceptar las cosas como son y elegir cuál es la actitud que quieres tomar hacia ellas. Es reconocer que en cada situación adversa tienes una oportunidad para elegir; para inmovilizarte de miedo o actuar con valentía; sentir celos laborales o hacer alianzas con la mayor cantidad de personas talentosas que tengas cerca.

La aceptación activa también es reconocer que eres una persona que tiene derecho a sentir emociones dolorosas como los celos y aún así decidir actuar desde tu sentido más humano y benevolente.

Nota del editor: Adriana Castro tiene una especialidad en Psicología de la Creatividad por la Universidad Autónoma de Barcelona. Es fundadora de Call to Action: Empresas felices. Síguela en Facebook (adrianacastromx). Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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