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“Pediría una ley que le dé una vejez más digna a las personas cuidadoras”

Desde hace más de 30 años, Marcelina Bautista se dedica a defender y promover los derechos para las trabajadoras del hogar y las personas cuidadoras, quienes hoy atraviesan la agenda pública.
lun 20 mayo 2024 05:28 AM
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Marcelina Bautista, líder del Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar (CACEH).

En México, 2.2 millones de mujeres se dedican al trabajo doméstico remunerado. De todas ellas, solo 4% cuenta con condiciones de formalidad como salarios en blanco, vacaciones y seguro social, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo 2022 del Inegi.

El porcentaje habla por sí solo, e indica que la brecha de derechos laborales aún es grande -muy grande- para ellas. Por eso, el rol de Marcelina Bautista, líder del Centro Nacional para la Capacitación Profesional y Liderazgo de las Empleadas del Hogar (CACEH), tiene tanto peso específico en la política y la sociedad del país.

Como resultado de sus más de 30 años de trabajo y militancia en derechos de las trabajadoras del hogar, logró, junto con otras compañeras, que se aprobara el programa piloto de incorporación de las trabajadoras del hogar a la seguridad social, la reforma a la Ley Federal del Trabajo y la ratificación del Convenio 189 de la OIT en México.

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Durante el Covid, fue la promotora de la campaña de sensibilización hacia los derechos de las trabajadoras titulada: “Cuida a quien te cuida”, dirigida por Alfonso Cuarón, comprometido con la causa desde la creación de su película “Roma”.

Hoy, el tema del “Sistema de cuidados” es uno de los ejes principales de varias candidatas y candidatos de las campañas de cara a las elecciones, y la nueva fuerza que toma gracias a esto en la agenda pública permite repensar el tema y profundizar sobre los siguientes pasos de este camino social.

¿Cuál dirías que es el principal mensaje que les das a las trabajadoras del hogar durante tus encuentros con ellas?

Que solo por el hecho de tener trabajo no quiere decir que deben aceptar todas las condiciones. Para un trabajo digno, hay que tener cubiertas todos los puntos que establece la ley, pero no a medias. Por ejemplo en México, se logró la seguridad social, pero casi nadie ofrece un contrato formal a esa trabajadora del hogar.

¿Por qué crees que pasa esto?

En el país hay una cultura paternalista en la que muchas veces te dicen “eres parte de la familia”, “aquí te queremos mucho, aquí comes, aquí vives y no pagas nada”. Y eso a veces confunde el vínculo profesional con el personal y se borra ese límite, pero las trabajadoras no son de la familia, sino que están ahí para recibir un salario y un trato digno para sostener a su propia familia. Es un trabajo, y debe ser tratado como tal.

¿En qué sentido se confunden los aspectos personales y profesionales?

Por ejemplo, muchas veces la paga no es justa, no se tiene en cuenta la dimensión del trabajo que hacemos. Si pueden dejar a alguien tan valioso como sus hijos o hijas con nosotras, si pueden dedicarse a trabajar gracias a que nosotras cuidamos de los suyos, ese trabajo vale. Porque si contratara especialistas, les saldría muchísimo más caro que una barrida de la casa. O cuando te despiden a las 12 de la noche, sin explicación de nada, y te dicen que les entregues la llave, sin más.

¿Cómo se vincula esta situación -la confusión del rol personal con el profesional- , con las mujeres que son amas de casa y también cuidan, pero sin cobrar?

Cuando hablamos del trabajo de cuidado no remunerado, cuando la mamá, las hermanas, los mismos miembros de la familia lo realizan, no tienen pago alguno y, en general los hombres, dan por sentado que las tenemos que hacer porque somos mujeres. Este año, en estas elecciones, salió mucho el tema de los cuidados. O sea, le llaman los cuidados a muchas cosas, a las guarderías, al hecho de remunerar los trabajos de cuidar a quienes cuidan y antes no, y creo que el nombrar este hecho, el ponerle nombre y posicionarlo en la agenda pública, es un logro que ha ido construyendo la sociedad lenta pero constantemente y que debe seguir trabajando colectivamente.

¿Qué te gustaría que suceda a partir de este reposicionamiento del tema de “los cuidados”?

Quisiera que se legisle de la mejor manera: que tenga un impacto verdadero y positivo para las mujeres y no sea solamente un punto o un tema en la agenda que hay que poner porque queda bien. Es un tema que no solo nos afecta a las trabajadoras del hogar, sino a todas las mujeres en general, porque hay una cultura que indica que estas tareas las tiene que hacer ella porque así lo dicta la sociedad, y esto nos carga con una doble o triple jornada. De hecho, muchas veces me llaman amas de casa y me dicen: “Qué bueno que estás trabajando sobre estos temas, nos vas a ayudar a nosotras que, ni seguro ni salario tenemos”. Y eso es porque somos parte de un mismo problema, estemos remuneradas o no, aunque nuestras luchas sean diferentes.

¿Qué tendría que tener una buena política pública para acompañarlas en este proceso de dignificar sus trabajos?

Tendría que considerar dos ámbitos: el del trabajo del cuidado no remunerado que hacemos todas en nuestras casas, y el de quienes nos ganamos la vida y el salario haciéndolo. Se necesitan leyes que impulsen la redistribución del trabajo en el hogar, porque todavía tenemos hombres machistas que si no se limpia la casa te dicen que eres floja, o que todavía te reclaman como si el trabajo del hogar no fuera trabajo; como si lo que están haciendo todo el día, ir a la escuela por los niños, ir al médico, al dentista, no fuera nada.

También, debería contemplar a esas mujeres que también dejaron su carrera, dejaron muchas cosas profesionales para dedicarse al cuidado y no pueden vivir tranquilas su vejez, porque se pasaron la vida cuidando y luego las mandan a un asilo, y no tienen dinero propio, porque no tuvieron una carrera o un trabajo pagado. Y nadie cuida a quienes se la pasaron cuidando toda la vida. Eso también debería contemplarlo la ley y hacer algo al respecto. Pensar en la seguridad social, en la pensión de esa mujer que dedicó su tiempo al cuidado.

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De Oaxaca al mundo

Cuando tenía 14 años, el papá de Marcelina le dijo que se tenía que ir a la Ciudad de México para trabajar y pagar la crianza y la comida de sus otros hermanos. “Cuando comencé a entender que era responsable de la manutención de otras personas, aunque fueran de mi familia, empecé a entender que estaba convirtiéndome en una persona cuidadora”, dice.

”Las trabajadoras del hogar no sólo vamos a trabajar para mantenernos a nosotras mismas, sino para mantener nuestra familia cercana, y luego a la que formas, a tus hijos. Eres la última persona que se puede enfermar, porque de tu trabajo depende mucha gente: los hijos de tus empleadores y tus propios hijos”.

Con el tiempo, Bautista empezó a detectar situaciones que la incomodaban: el dormir en los cuartos pequeños de limpieza, el comer parada y lejos de quien pudiera verla, o que le dijeran “la criada” o “la sirvienta”, fueron situaciones que le despertaron el interés por mejorar esas condiciones para ella y para muchas personas más.

“Yo tenía 14 años, pero me di cuenta muy rápido que eso no era justo y decidí que me quería superar. Empresa a estudiar, a ir a la Iglesia a reunirme con otras personas como yo a compartir sentimientos, reflexiones. Años más tarde, entendí que quería recuperar mis sueños, sanar mis pérdidas; estudié comunicación, Derecho Laboral, toda la Constitución, la Ley Federal del Trabajo de 1931 mientras limpiaba casas y cuidaba niños. De chiquita quería ser abogada, y de grande me di cuenta que, en algún punto, estaba actuando para defender la ley”, dice.

En 1988 salió por primera vez de México y se encontró con muchas experiencias que le reafirmaron su idea y su compromiso.”Viajando por Chile, Paraguay, Brasil gracias a los cargos que ocupe en diferentes espacios, descubrí que en todos los países había desigualdades profundas, pero que en México no teníamos nada: ni una ley, ni una propuesta, ni nada. Y al ver esa oportunidad de mejora, tomé ese lugar”, dice.

En sus años de trayectoria, Bautista muchas veces tuvo la sensación de estar agotada. “Muchas veces sentí que llevaba mucho tiempo trabajando por algo y no lo lograba. Las cosas no salían, no quedaban, nadie quería sumarse. Entonces, algo sucedió y se alineaban los hechos y aparecían personas, hombres, mujeres, legisladores, gracias a quienes pude llegar a los senadores, a los diputados, y avanzábamos”, cuenta.

La líder de CASEH reflexiona, y dice que lo peor que podría pasar si pudiera visualizar los próximos 10 años sería que los derechos de las trabajadoras del hogar se estanquen o retrocedan. “Que no reclamen, que no los recuerden y que no insistan para que se les cumpla. Que esto no se quede solamente que lo logramos juntas; lo peor que podría pasar es que nos olvidemos que todo lo que se logró, se hizo de forma colectiva y no cada una por su lado.”

¿Y lo mejor? “Que se amplifiquen los derechos. Que cada trabajadora del hogar que entre a laborar en una casa lo haga con un contrato en la mano que incluya un compromiso formal de salario y seguro social.”

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