Durante años se habló del emprendimiento femenino como una moda… Es claro que no lo es. Es una respuesta inteligente y necesaria a una realidad económica, social y cultural que ha cambiado más rápido de lo que muchos imaginan.
Cada vez más mujeres emprenden. No es casualidad
Los datos lo confirman. En México, el número de mujeres emprendedoras ha crecido de forma sostenida en los últimos años, de acuerdo con Inegi, ASEM y el Global Entrepreneurship Monitor. No se trata solo de más negocios liderados por mujeres, sino de un cambio profundo en la forma en que muchas están construyendo su futuro económico.
¿Por qué hoy más mujeres están emprendiendo? Hay dos grandes grupos que explican este fenómeno. Por un lado, mujeres con hijos medianos o grandes que tienen más tiempo disponible y una necesidad clara de generar ingresos propios. Muchas descubren que volver al mercado laboral no es tan sencillo como parece: por edad, flexibilidad o expectativas salariales. Emprender se vuelve entonces una vía para seguir creciendo profesionalmente y aportar a la economía familiar.
Por otro lado, mujeres jóvenes que ya no ven el matrimonio como garantía de estabilidad financiera. Han crecido viendo divorcios, cambios laborales constantes y entienden que la independencia económica no es un lujo, sino una forma de seguridad personal. Para ellas, emprender no es rebeldía: es previsión.
El reto de ser primera generación
Hay un factor poco visible, pero muy relevante: muchas mujeres que emprenden son primeras generaciones. No crecieron viendo a su madre o abuela llevar un negocio, negociar precios o tomar decisiones financieras.
Eso no las limita, pero sí las obliga a aprender de forma consciente. Por eso es tan importante que busquen capacitación, redes de apoyo y espacios donde puedan equivocarse, preguntar y crecer. Crear una empresa sin referentes familiares es posible, pero hacerlo acompañada multiplica las probabilidades de éxito.
Por varios años he dado coaching y mentoría a muchas emprendedoras y he observado que tienen ventajas y retos diferentes a los que tenemos los hombres. En el trabajo con emprendedoras aparece algo constante: una gran capacidad para entender problemas reales. Muchas mujeres crean negocios que resuelven necesidades concretas de otras mujeres, de familias, de hijos o de comunidades. Eso genera productos y servicios con mayor sentido, valor y conexión emocional.
También destaca su habilidad para comunicar, contar historias y generar confianza. Por eso muchas marcas lideradas por mujeres conectan tan bien en redes sociales, no venden solo un producto, construyen relaciones.
Estas empresarias suelen ser más cuidadosas con el riesgo. Buscan que el negocio sea rentable y sostenible, no solo crecer rápido. Esa visión, bien trabajada, es una enorme fortaleza.
Los retos más comunes (y cómo enfrentarlos)
Uno de los principales retos es el manejo del dinero. No se les enseñó a fijar precios, calcular márgenes o evaluar rentabilidad, y eso afecta a muchas mujeres e incluso, las lleva a cobrar menos de lo que vale su trabajo. La solución empieza por aprender costos, punto de equilibrio, separación entre finanzas personales y del negocio, y reinversión.
Otro reto es el manejo del tiempo. Las mujeres suelen operar en múltiples roles a la vez, lo que dificulta enfocarse y escalar. Aquí, poner límites y agendar tiempo para el negocio no es egoísmo, es estrategia.
Y está la culpa, especialmente en mujeres con hijos. Vale la pena resignificarla: una mamá que emprende no solo genera ingresos, también enseña con el ejemplo. Muestra a sus hijos, y especialmente a sus hijas, que la independencia, el esfuerzo y la autonomía son posibles. Eso también es educación.
Una arma poco usada (pero poderosa)
Ya existen herramientas como la Inteligencia Artificial (IA) que pueden ayudar a las emprendedoras a ahorrar tiempo en atención a clientes, marketing, análisis de mercado o generación de ideas; cada vez son más simples y accesibles, pero muchas mujeres aún no se animan a usarlas.
Emprender no es cuestión de suerte ni de hacerlo sola. Es un proceso que se fortalece con información, formación y decisiones conscientes. Quienes construyen negocios sólidos son quienes entienden que la independencia económica se aprende y se entrena.
Mujeres que tienen una idea o un negocio en marcha, este es el momento de profesionalizarlo: ordenar finanzas, valorar mejor su trabajo, gestionar, tiempo y confiar en lo que ofrecen. La preparación cambia, por completo, las probabilidades de éxito.
El emprendimiento de mujeres no solo transforma vidas individuales, también impulsa el desarrollo económico del país y forma con el ejemplo a las próximas generaciones. Apoyarlo es tarea de todos.
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Nota del editor: Juan Carlos Cante es Presidente del Consejo Directivo de la ASEM. Síguelo como @juanc_cante Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.
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