En el sector salud, el liderazgo implica una enorme responsabilidad: tomar decisiones que impactan directamente en la vida de las personas. En ese camino, cada vez más mujeres estamos ocupando espacios de toma de decisión, no se trata de competir, sino de demostrar que el talento, la preparación y la vocación no tienen género.
Liderazgo femenino en salud: abrir camino para ver más lejos
Durante décadas, las mujeres hemos estado presentes en todos los niveles del sistema sanitario: como médicas, enfermeras, investigadoras, administrativas y especialistas. Sin embargo, esa presencia no siempre se ha reflejado en posiciones directivas. Hoy el panorama comienza a transformarse. Cada vez más mujeres lideran hospitales, centros de investigación, equipos médicos y proyectos de innovación en salud.
Cuando asumí la dirección del APEC Hospital de la Ceguera, entendí que el reto iba más allá de la gestión hospitalaria. También implicaba representar un cambio en la forma en que concebimos el liderazgo en el ámbito de la salud.
Este cambio no ocurre por casualidad. Es resultado del esfuerzo de generaciones de profesionales que han demostrado, con trabajo y resultados, que las mujeres podemos desempeñar cualquier función con excelencia. También es reflejo de una sociedad que empieza a reconocer que la diversidad en los liderazgos fortalece a las instituciones.
Pero aún queda mucho por hacer. Las brechas de género persisten en muchos sectores laborales, incluido el de la salud. Las mujeres continúan enfrentando obstáculos para acceder a posiciones de liderazgo, así como desafíos para equilibrar su desarrollo profesional con otras responsabilidades.
Por eso, cada avance debe entenderse como parte de un proceso más amplio: abrir oportunidades para que las nuevas generaciones encuentren un camino más justo, equitativo y lleno de posibilidades.
En el caso de la oftalmología, este compromiso adquiere una dimensión adicional. En México y en el mundo, millones de personas viven con discapacidad visual o con enfermedades que, de no atenderse a tiempo, pueden derivar en ceguera irreversible. Muchas de estas condiciones como la retinopatía diabética, el glaucoma o la degeneración macular relacionada con la edad, requieren detección temprana y atención oportuna para evitar consecuencias permanentes.
Combatir la ceguera no es solo una tarea médica, sino también social. Significa trabajar por el acceso a la salud visual, promover la prevención y garantizar que más personas puedan recibir diagnósticos y tratamientos a tiempo.
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Desde mi experiencia, liderar en salud implica precisamente eso: mirar más allá de la institución y entender que cada proyecto, cada innovación y cada decisión tiene como objetivo final mejorar la calidad de vida de las personas.
Las mujeres que hoy ocupamos espacios de liderazgo en este sector tenemos también la responsabilidad de abrir puertas, inspirar y demostrar que el talento no tiene límites cuando existe compromiso con la sociedad.
Porque liderar, en última instancia, no se trata solo de dirigir una institución, sino de contribuir a construir un futuro donde más personas puedan ver más oportunidades. Y en ese camino, la lucha por erradicar la ceguera sigue siendo una de las causas más urgentes y necesarias de nuestro tiempo y en nuestro país.
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Nota del editor: Valeria Sánchez es Directora de APEC, Hospital de la Ceguera. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora.
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