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Seguir jugando, aunque duela… ¡nunca más!

En una sociedad que celebra a la mujer “todo terreno”, el autocuidado suele verse como un lujo o incluso como egoísmo.
mar 24 febrero 2026 06:01 AM
Seguir jugando, aunque duela… ¡nunca más!
Incluso las mejores jugadoras necesitan descanso, atención médica y condiciones adecuadas para rendir. En la vida pasa lo mismo, considera Lluvia Villaseñor.(Foto: iStock)

Hace poco asistí a un partido de futbol femenil. Sin expectativas especiales, solo por acompañar. Salí sorprendida. No por el marcador, sino por la intensidad. Las jugadoras corrían tras el balón como si en ello se les fuera la vida, se levantaban rápido tras una caída y seguían. Había garra, entrega y una determinación que, honestamente, hace mucho que no observo en el futbol varonil profesional.

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Mientras disfrutaba de los pases y los goles, pensé: ¿cuántas veces esa misma intensidad se repite fuera de la cancha? En el trabajo, en la casa, en la vida diaria. Las mujeres solo “aguantamos”: el cansancio, la presión, la doble o triple jornada… y el dolor.

Desde muy jóvenes aprendemos que hay molestias que “son normales”. El cólico menstrual, el dolor de espalda, la tensión en el cuello, el agotamiento constante. Se nos enseña que sentir dolor es parte del paquete por ser mujeres productivas, cuidadoras, activas, responsables. Y como en el fútbol, seguimos jugando aunque duela.

Como médica, lo veo todos los días: mujeres que minimizan lo que sienten: “solo me duele un poco”, “seguro se me pasa”, “así soy desde siempre”. Detrás de esas frases hay una normalización del malestar que no debería existir. El dolor no es una medalla de esfuerzo ni una prueba de carácter. Es una señal.

Las cifras lo confirman: 7 de cada 10 mujeres experimentan dolor menstrual y una de cada cinco ha tenido que acudir a atención médica por su intensidad. Más del 70% de las mujeres mayores de 35 años presentan algún tipo de dolor articular. Aun así, muchas siguen adelante sin atenderlo porque sienten que detenerse no es una opción.

En una sociedad que celebra a la mujer “todo terreno”, el autocuidado suele verse como un lujo o incluso como egoísmo. Pero cuidar el cuerpo no es rendirse; es entender que no se puede jugar bien todo el partido si se ignoran las señales de alerta. En medicina, el dolor persistente nunca es normal, aunque se haya vuelto frecuente.

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Existen herramientas terapéuticas, como los antiinflamatorios no esteroideos, que pueden formar parte de un plan responsable para manejar el dolor muscular o corporal asociado al estrés, al ejercicio o a jornadas intensas. Pero ningún medicamento sustituye la escucha activa del cuerpo ni la consulta oportuna. Automedicarse sin criterio también es una forma de aguantar de más.

En los últimos años hemos avanzado en conversaciones necesarias sobre la salud de las mujeres: menstruación, salud mental, carga de cuidados, violencia obstétrica. Falta una más: dejar de romantizar el dolor como parte inevitable de nuestro rol.

Aquella tarde, en el estadio, entendí algo con claridad: la garra es valiosa, sí. Pero incluso las mejores jugadoras necesitan descanso, atención médica y condiciones adecuadas para rendir. En la vida pasa lo mismo.

No tenemos que demostrar fortaleza al vivir con dolor. La verdadera fortaleza está en reconocerlo, atenderlo y decidir cuidarnos. Porque jugar con todo no debe significar jugar lastimadas.

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Nota del editor: Lluvia Villaseñor es Gerente Médica y de Farmacovigilancia para Apotex Latinoamérica. Egresada de la Universidad Anáhuac Norte, tiene una maestría en marketing comercial (ISEAD, España) y otra en administración de empresas (U. Westfield, Miami). Ejerció durante 12 años en la medicina privada y, desde hace 11 años, colabora con la industria farmacéutica. Cuenta con experiencia en diversas áreas terapéuticas de alta especialidad, como oncología, hematología, endocrinología y oftalmología, así como en drogas huérfanas y en enfermedades raras. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora.

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