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Detrás de cada madre que trabaja hay una gran… culpa (pero no tiene que ser así)

Saber que nuestros hijos van a estar bien es una forma de liberarnos de la culpa, pero no es lo único que podemos hacer, apunta Carolina Montes Santana.
jue 03 marzo 2022 12:00 AM
madre trabajadora
Si lograste un equilibrio pero hay momentos en los que definitivamente no puedes estar con tus hijos tanto como te gustaría, trata de pasar tiempo de calidad, señala Carolina Montes Santana.

(Expansión Mujeres) - La culpa de madre es universal. La viven las que salen a trabajar -por gusto o por necesidad- y las que ‘solo’ trabajan en casa. Todas, porque no hacen “lo suficiente” (sin importar lo que eso sea).

Las redes, al menos en mi caso, empeoran un poco el asunto. Y es que si bien nuestras madres no podían hablar tanto -y menos quejarse- de lo difícil de la maternidad, tampoco veían mucho de lo que hacía la vecina.

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Hoy nos atormentamos más gracias a que podemos admirar los bonitos videos de las mamás que en lugar de mandar galletas y juguitos hornean sus propias crackers y crean una obra de arte con el sándwich de jamón.

Pasamos mucho tiempo expuestas a modelos que recuperan su figura (esa que nosotras nunca tuvimos) en una semana después del parto y vemos a expertas en psicología infantil, haciéndonos sentir muy mal porque en lugar de 30 minutos nuestro hijo ve 3 horas de tele.

Y eso va para las que trabajan en la oficina y en casa.

Sin embargo, quienes tenemos un empleo formal que nos gusta, echamos una culpa distinta al costal: la de tener GANAS de abrir la computadora.

Hace un par de años, una de mis mejores amigas que dejó su carrera cuando nacieron sus hijas, me preguntó que cómo le hacía para no sentir culpa de irme (ja). Le habían ofrecido un empleo y quería tomarlo, pero le daba terror llevar a sus niñas a la guardería.

Mi consejo fue que basara cualquier decisión en la máxima de la maternidad: mamá feliz, bebé feliz. Y si bien esto es muy fácil de decir, hay tanta historia detrás de la abnegación maternal, que nos es difícil pensar diferente.

El tema de la culpa de la madre que trabaja es tal que hay encuestas, artículos, estudios y libros al respecto. Una investigación que me encanta es la de Kathleen McGinn, de Harvard Business School.

McGinn descubrió que tanto las hijas como los hijos de las madres que trabajan fuera crecen igual de felices que aquellos cuya madre se queda en casa. Y no solo eso: las hijas de las mamás empleadas tienen más posibilidades de conseguir un trabajo en el futuro (esto, incluso independientemente del nivel educativo de la madre), así como de supervisar a otros y de ganar más dinero.

“Tener una mamá empleada hace que las hijas piensen que el empleo y la maternidad son compatibles”, dice la investigadora.

En el caso de los hombres, la influencia es distinta. Los hijos de las madres que trabajan pasan 50 minutos más a la semana cuidando a miembros de su familia, tienen actitudes de género más equitativas y tienden a casarse con mujeres que trabajan.

 

Saber que nuestros hijos van a estar bien es una forma de liberarnos de la culpa, pero no es lo único que podemos hacer. Aquí te comparto algunas de mis estrategias:

1. Equilibrio. Tanto el trabajo como la familia son importantes, así que -cuando se pueda- hay que buscar el balance. Es un estira y afloja constante que en los momentos de mayor tensión se resuelve revisando las prioridades y necesidades de cada situación. Y como termómetro están los hijos. Generalmente te comunican de muchas formas cuando necesitan más atención.

2. Aprender a decir que no. Los casos en los que no podemos decir que “no” en el trabajo abundan, pero también tenemos muchas oportunidades de hacerlo. Aprender a poner límites es un músculo que debemos ejercitar no solo para mejorar nuestra condición sino para que las malas prácticas laborales cambien.

3. Calidad, cuando no se puede cantidad. Si lograste un equilibrio pero hay momentos en los que definitivamente no puedes estar con tus hijos tanto como te gustaría, trata de pasar tiempo de calidad. Diez minutos al día totalmente presente puede ser muy valioso. Liliana Olivieri, una de las expertas en educación que más me gustan, habla a menudo acerca de este ejercicio y de cómo puede tener un gran impacto en los hijos.

4. Elige los no negociables. Para mí hay cosas no negociables, como acostar a mis hijas en la noche y platicar un poco. Aunque hay días que no me da la vida para leerles un cuento, llevarlas a dormir es algo que he hecho desde que nacieron y que me gustaría hacer hasta que me corran de su cuarto. Busca alguna actividad que sea constante y sostenible.

5. No olvides cómo te sientes en tu trabajo y compártelo con tus hijos. Cuando trabajamos en algo que nos gusta nos sentimos motivadas, inspiradas e importantes. Y esa parte la podemos llevar a casa no solo a través de nuestro humor, sino hablando de ello con los hijos. Cuéntales acerca de tu trabajo y por qué te gusta, incluso si no te gusta tanto, cuéntales por qué tienes que hacerlo y cómo te permite contribuir al hogar.

 

6. Enfócate en lo esencial. No te agobies porque no puedes hacer mantequilla casera. El objetivo es alimentarlos lo más saludablemente posible y ya. Hazlo como puedas.

7. Donde y cuando puedas, busca ayuda . En Estados Unidos hay soluciones muy sofisticadas para las madres que trabajan. Existen empresas que te ayudan no solo con la limpieza o la comida sino que te envían un asistente hasta para planear las vacaciones familiares. Claro que la mayoría de las mujeres en México no podría costear nada de eso, pero si tú puedes, hazlo. Comida, limpieza, lavandería, transporte escolar…. donde veas una oportunidad de obtener ayuda en alguna tarea, hazlo y sin culpas.

8. Si ves a alguien “triunfar”, ves a alguien “perder”. Es sabiduría popular que no se puede tener todo en la vida, así que cuando sientas que alguien lo está haciendo mucho mejor que tú, debes estar consciente de que o tiene alguna ventaja que tú no, o se está enfocando en algo que tú no. Con esto no quiero decir que su triunfo no tenga mérito, solo que su realidad es diferente y que en el camino tuvo que sacrificar algo, sea dinero, tiempo, relaciones personales, descanso o algún otro recurso para lograrlo. No tienes el panorama completo, así que ni se te ocurra compararte.

Si eres mamá, trabajes o no, si te gusta tu trabajo o lo detestas, si quieres volver a trabajar, si quieres salir o quieres emprender, no te olvides nunca de que para poder cuidar a otros, tienes que estar bien tú. Si tu trabajo te hace feliz, hazlo sin culpa.

Nota del editor: Carolina Montes es mamá de dos niñas y es global growth SEO manager en una empresa transnacional. Después de varios años de trabajar en redacciones, cambió el periodismo por la mercadotecnia digital. Estudió una maestría en Estrategias Comerciales y está especializada en el crecimiento orgánico de las marcas. Es creadora de la comunidad Madres Trabajando y miembro de Latinas en SEO. Síguela en Twitter y/o LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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