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Mujeres STEM: “Es mejor seguir sumando que echarse para atrás”

Sólo cuatro de cada diez mujeres colaboran en el sector de la ciencia y la tecnología. Además, este rubro tiene una brecha salarial del 18 a 32%, dicen expertas.
vie 18 junio 2021 08:38 AM
Mujeres STEM
El 30% de las mujeres a nivel mundial estudian una carrera STEM, mientras que en México la cifra es del 12%.

Rocío Aguilar estudió una licenciatura STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, por sus siglas en inglés). La actual líder de proyectos en Global Shaper -una iniciativa del Foro Económico Mundial- recuerda que cuando eligió su carrera profesional no estaba consciente de la brecha de género ni de los obstáculos que enfrentaría con los años, al entrar a un terreno en su mayoría ocupado por hombres.

De la gama de opciones académicas, ella eligió por gusto y pasión. “Me emocionaban los retos, la lógica y las matemáticas”, dice, mientras sonríe. Sin embargo, su primer reto como estudiante de una carrera STEM fue que en el aula solo había un 20% de representación femenina. “Por supuesto que consideré cambiarme de licenciatura solo por eso”, expresa.

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Aguilar contempló pasarse a negocios y acudir a un salón donde hubiese más mujeres. Por lo menos un 50 y 50 o un 60 y 40, puntualiza. No obstante, su inclinación por el pensamiento lógico matemático hizo que decidiera quedarse en el camino elegido, a pesar de que el ambiente no la hiciera sentirse tan cómoda.

En cuestión profesional, Aguilar tampoco estaba consciente de la brecha que había en la industria. Lo descubrió cuando comenzó a impulsar en el sureste del país proyectos de innovación tecnológica.

“Sí hay discriminación en todas las industrias, pero en esta más. Hay una brecha salarial del 18 al 32%. Además, a las mujeres les cuesta elegir esta área de conocimiento; solo cuatro de cada diez colaboran en este sector, y esas cuatro ganan menos que un hombre. Hay igualdad de trabajo, pero no de paga”, sentenció durante el Women Economic Forum, orgnanizado en conjunto con Expansión.

Cuando tomó consciencia de la desigualdad en el mundo de la ciencia y la tecnología, Aguilar decidió impulsar que más mujeres se desarrollen en esta área. En su haber, ha fomentado programas de innovación, de la mano de la Cámara Nacional de la Industria Electrónica y Telecomunicaciones.

“He tenido la fortuna de brincar esa brecha de la muerte. Cuando ves que ya tienes 12 años de historia en esto, ya no te conviene salir, es mejor seguir sumando que echarse para atrás”, mencionó.

Mariana Castro, presidenta de Ventas, Marketing y Operaciones en Microsoft para América Latina también es una mujer STEM. Estudió tecnología en la Universidad de Buenos Aires porque escuchó que la tecnología iba a cambiar el mundo, y eso es lo que ella quería hacer: cambiar el mundo.

“Hace 25 años, las cosas eran todavía más complicadas porque no había un entendimiento de lo que la diversidad e inclusión significan. No eran temas sobre la mesa, hoy ya se habla de ello y hay más conciencia de que tenemos que inspirar a más niñas a que estudien carreras de tecnología”, cuenta.

Microsoft era su sueño de trabajo y el día que la compañía abrió una oficina en Argentina, Castro fue la segunda empleada contratada.

“Debemos contar cómo a través de estas carreras una crea porque tiene un rol creativo en la vida. Si bien hay una brecha grande, estamos trabajando para que se reduzca. Hay que cambiar el mindset organizacional de cómo es la inclusión en el día día; la diversidad ya está dada porque todos somos diversos, pero la inclusión lleva mucho trabajo”, agrega.

Mónica Hernández, directora de Seguridad de la Información en Banco Sabadell, coincide sobre la necesidad de construir empresas incluyentes. Durante el foro, la experta refirió que el 30% de las mujeres a nivel mundial estudian una carrera STEM. Y en México la cifra es del 12%. Pero solo cuatro de cada diez mujeres ejercen en ciencias, ingenierías y matemáticas.

“México tiene un tema más sobresaliente para trabajar en este ámbito. Si continuamos así tardaremos 99 años en cerrar esta brecha”, advirtió.

Las empresas, continuó, tienen que trabajar más en políticas de flexibilidad. Las mujeres tienen, al igual que los hombres, actividades con la familia que conllevan tiempo. A su juicio, si las compañías con base tecnológica son más flexibles abren la puerta para que más mujeres quieran trabajar en ellas.

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Las áreas de oportunidad en la búsqueda de la inclusión

Los problemas de inclusión son sistémicos y no solo se dan en un área específica. Sin embargo, desarrollar habilidades en las mujeres que ya están en carreras STEM las ayudaría a que sean más competitivas y a que puedan negociar mejor sus salarios, a fin de que haya una paridad salarial.

Por otra parte, escasea la demanda femenina para ocupar posiciones de liderazgo en STEM porque, además de que hay menos mujeres en el campo, no se postulan si no cubren todos los requisitos. Las empresas deben atender el famoso síndrome del impostor, este comportamiento psicológico de que la mujer no se siente capaz de levantar la mano para aplicar a una vacante.

Como empresa, también está el problema atraer a un talento diverso. En las ternas de selección debe haber por los menos una mujer, y cambiar los procesos de reclutamiento para que no hayan filtros de género, raza, edad o preferencia sexual.

Igual está el techo de cristal, que a pesar de ser transparente, no deja brillar a las mujeres, sobre todo en cargos ejecutivos y en consejos de administración. Esta barrera también se hace presente cuando no dejan hablar a las mujeres en reuniones o cuando se apropian de lo que aportaron como si fuera propio.

Asimismo, hay desconocimiento de los líderes de las empresas en cuanto a cómo la brecha de género impacta negativamente en los resultados de la organización, y en la economía del país.

Para ser incluyentes en América Latina, Aguilar aconseja mirar los avances que tienen en otros países como Alemania, Inglaterra, Estados Unidos, Canadá. Desde departamentos internos de inclusión en las empresas hasta políticas internas que evitan la discriminación.

“La igualdad en STEM no solo es un objetivo qué buscar, sino que es un requisito previo para lograr un mundo en donde de verdad eliminemos la pobreza y garanticemos el bienestar de todos”, concluyó.

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