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¿Por qué las mujeres se ejercitan menos que los hombres?

En México, las mujeres se ejercitan menos que los hombres: 34.4% frente al 47.0% de ellos, según el Inegi. La falta de seguridad para ellas es uno de los principales motivos.
jue 03 junio 2021 12:00 AM
¿Por qué las mujeres se ejercitan menos que los hombres?
¿Por qué las mujeres se ejercitan menos que los hombres?

En México, las mujeres se ejercitan menos que los hombres: 34.4% frente al 47.0% de ellos, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), que señala que en 2020, 61.1% de la población en el país no practicaba ningún deporte.

La principal razón, apunta la estadística, es la falta de tiempo, el cansancio por el trabajo y los problemas de salud; sin embargo, de acuerdo con entrenadoras profesionales, hay otra razón que impide que las mujeres acudan a un gimnasio o centros deportivos y es que muchas no se sienten cómodas en esos espacios, que fueron tradicionalmente masculinizados.

Con el objetivo de crear alternativas pensadas en las necesidades específicas que tienen las mujeres, como flexibilidad de horarios, aparatos adecuados, instructoras e instructores sensibilizados con las distintas corporeidades y objetivos que puedan tener, han surgido varias iniciativas para que las mujeres se pueden sentir más seguras y cómodas al ejercitarse.

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Casa Nike Women en Ciudad de México

Este proyecto inició en 2017 de la mano de Ari Gómez, entrenadora profesional, cuyo principal fin es crear un ambiente que deje de marginar a la mujer en la práctica de cualquier deporte profesional y amateur.

Aunque la casa, ubicada en la Colonia Juárez, está en pausa debido a la pandemia, espera volver a ofrecer clases gratuitas exclusivamente a mujeres con diferentes tipos de entrenamiento: running, clases de baile, de yoga y entrenamiento funcional.

Gómez, responsable de adaptar en México el proyecto surgió en Nueva York, asegura que la cultura fitness ha evolucionado en términos de inclusión desde los últimos cinco años. “Cuando abrimos la casa Nike vimos que funcionó de inmediato porque hicimos un lugar donde las mujeres se sentían seguras; muchas de ellas antes no querían hacer ejercicio por miedo a no saber utilizar los aparatos o cómo hacer un ejercicio específico, iban al gimnasio y había un ambiente muy masculino en el que además podían sufrir acoso”, señala.

Ella, quien lleva el mundo del fitness 12 años, no sufrió acoso, pero sí se sintió insegura para ejercer como una entrenadora profesional y dedicarse a eso, pese a que su formación académica inicialmente se inclinó a la administración de empresas. “Aunque tengo toda clase de certificaciones, cuando empecé a dar clases de pesas era muy raro ver a una mujer como entrenadora. Y luego, como las personas veían a una mujer joven, había gente escéptica”, dice.

Ahora, sostiene, hay más instructoras, además de mayor información que aliente a mujeres a realizar actividades relacionadas con el levantamiento de pesas sin los prejuicios que siempre rodearon a esta práctica, como que no era una actividad recomendable para las mujeres porque en lugar de perder peso, lo ganarían y además, “deformarían” su figura. También narra que la respuesta a la Casa Nike Women México contó con una respuesta positiva en la que participaron hasta 400 mujeres, de 17 a 35 años en promedio, en distintas clases a lo largo de sus primeros cuatro años de operación.

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Sersana y el entrenamiento integral

Ana Jimena Ramírez, cofundadora del estudio Sersana, considera que una opción para las mujeres también es procurar su estado físico de una forma holística.

Como cocreadora del Método Sersana, explica que busca que las mujeres y hombres que acudan al estudio generen hábitos saludables a través del ejercicio, la alimentación y la conciencia.

Entre el tipo de servicios que ofrecen, destacan clases de meditación y de ejercicio enfocados exclusivamente a mamás, como clases de yoga. Su oferta además, se extiende a la creación de planes alimenticios con la participación de expertas de la salud y psicología.

“Estas clases tienen beneficios para las mujeres como que ellas mismas tengan un espacio para socializar en el que puedan hablar cosas que tienen en común, hasta hacer networking y ampliar su red de contactos para el trabajo”, sostiene.

Además, cuenta con el equipo que se adapta a la fisionomía de las mujeres y con un equipo de instructoras e instructores que saben qué tipo de ejercicios y movimientos son los más adecuados dependiendo de cada cuerpo y sus objetivos.

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Opciones más accesibles para todas

En México existen al menos 12,376 gimnasios y sus costos pueden variar dependiendo de la zona en que estén ubicados y, sobre todo, de los servicios que ofrecen. En promedio, la inscripción a un gimnasio oscila entre los 700 pesos a los 5,000 pesos, con mensualidades desde 300 pesos, también hasta 4,000.

Y la pandemia también trajo nuevas opciones. Debido al confinamiento para contener los contagios de coronavirus, Ari Gómez implementó un sistema virtual para continuar ofreciendo las clases que daba en Casa Nike Women, así como asesorías personalizadas que también incluyen planes alimenticios.

“Ahora con la pandemia las mujeres se dieron cuenta de que no necesitan inscribirse a un gimnasio o club, caro o barato, pues es posible ejercitarte desde casa, con medidas que ayudarán a que las personas no se lesionen”, dijo.

El body positive y la cultura tóxica del fitness

El problema con la industria, de acuerdo con Noris García Aguirre, entrenadora física profesional y quien espera a que el Semáforo Epidemiológico pase a verde para abrir su propio gimnasio, O2 Virtual fitness Studio, es que aún se aspira a ser un molde universal.

“Ya no vemos los cuerpos delgados que veíamos hace 20 años, ahora el molde es querer tener un cuerpo sumamente tonificado, blanco y que mida por lo menos 1.80 metros. ¿Todas podemos aspirar a eso? No, y no por ello nos tenemos que alejar del deporte por diversión, hobby, salud o cualquier motivo que acerque a las mujeres con la actividad física”, dice.

Que existan modelos normativos de cuerpos no diversos provoca disonancia cognitiva en las mujeres, es decir, crea una tensión interna del sistema de ideas, creencias y emociones que percibe una persona y que al mismo tiempo está en conflicto por un comportamiento que no concuerda con las expectativas.

Para García, no hay nada de malo con los cuerpos que muestra la industria en publicidad, pero tampoco con los cuerpos de mujeres que no encajan con ese perfil, sobre todo si se busca vivir un estilo de vida más saludable.

“Es posible tener una vida sana así (haciendo ejercicio), pero no es la única forma. La cultura tóxica del fitness nos dice que sí, que el bienestar en la belleza y estar bien en la salud sólo viene a través de los caminos que la industria muestra, porque la manera en que se valora el cuerpo depende de qué está buscando la sociedad en ese momento”, detalla.

Ilya Parker, pionero del movimiento Decolozing Fitness, fue el creador del concepto de la cultura tóxica del fitness, que se refiere a un conjunto de características sociales, de lenguaje y hábitos, que promueven y refuerzan el racismo, elitismo, body shaming o discursos de odio, bajo el pretexto de pertenecer a un grupo que busca la salud y el bienestar a través del ejercicio.

“Cuando personas con sobrepeso se acercan a entrenadores o gimnasios, la gente asume que van para perder peso, pero qué tal que sólo quieren tener más resistencia”, dice García.

En el caso de las mujeres, recomienda, entrenadoras y preparadores físicos tienen que contemplar factores fisiológicos de cada persona, pero también externos como estilos de vida. Pone como ejemplo a las mamás, quienes tienen vida ocupadas, porque como ya señaló ONU Mujeres, son las responsables de la mayor parte de los cuidados y labores domésticas, además de sus responsabilidades en empleos formales o informales.

“Es irracional ponerles una rutina sin considerar que no tienen el mismo tiempo que otras personas. Tú como entrenador le dices que tienen que dedicarle dos horas todos los días, y si no lo logra, la maltratas psicológicamente y si no ella misma se siente mal y termina desertando porque no cumple con los estándares que no consideran su realidad”, advierte

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