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Renovarse o morir: mujeres al frente de la industria textil en México

Según cifras de la Cámara Nacional de la Industria del Vestido en México, los ingresos por ventas en este rubro cayeron 80% en 2020.
mié 26 mayo 2021 05:00 AM
Renovarse o morir: mujeres al frente de la industria textil en México
La industria textil en México

“México fue el primer país en donde la empresa trabajó de forma remota y nos fue tan bien que ya estoy armando el mismo modelo para aplicarlo en los otros países en donde tenemos operaciones”, dijo la diseñadora Jasive Fernández, socia y directora internacional de la marca de ropa española Niza.

La marca que Fernández dirige consideró que octubre de 2020 era un buen momento para abrir una línea de producción en México, pues sólo tenía presencia en España e India hasta el año pasado. “La apertura de un taller integrado por mujeres, diseñado por mí como marca Jasive, tenía que seguir sí o sí, pero no podíamos exponer a nadie. Siempre he creído que ser emprendedor te hace ser flexible, creativo, te hace reinventarte constantemente por eso pudimos organizar para que todas las costureras pudieran trabajar desde casa”, explica.

Jasive emplea madres solteras para la creación de su marca, y su trabajo es manufacturar los diseños.

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Las mujeres necesitan más que el trabajo remoto

En México, las mujeres sostienen la mayor carga total de trabajo, pues por cada 10 horas que ellas laboran, los hombres lo hacen 8.3 horas, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Y eso sin contar que las mujeres realizan al menos 2.5 veces más trabajo doméstico y cuidado no remunerado que los hombres, de acuerdo con ONU Mujeres.

Ante esta situación del país, Jasive Fernández buscó dar flexibilidad a las empleadas y estableció un esquema de horarios especiales y escalonados para que las mujeres pudieran hacerse cargo de las funciones adicionales a su trabajo, como asistir los horarios de clases de sus hijos, sin la preocupación de perder su empleo por ello. Asimismo, contrató a mujeres que, aunque no tenían experiencia previa en la costura, querían formar parte del proyecto.

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Al contrario de lo que sucede con frecuencia en el sector de manufactura textil, la empresaria negoció con la marca global para que los sueldos fueran superiores al salario mínimo de México y también tarifas mayores a quienes son madres, así como seguridad social.

“Todos tuvimos que hacer una reestructura cuando arrancó la pandemia, incluso respecto a la elección de materias primas y de transformación. Aprendimos a sacar el trabajo con la misma calidad y mayor eficiencia a través del ensayo y error; también logramos producir menos desperdicio, ser más eficientes con los tiempos, tener menos errores de los que teníamos en el taller”, dice en referencia a las actividades que ya realizaban en los países en los que ya operaban antes de la pandemia, España e India.

Jasive Fernández considera que este modelo va a estar evolucionado porque también los objetivos comerciales tuvieron que cambiar para sobrevivir. “La diferencia es que antes producíamos a gran escala y hoy viene mucho la regionalización, porque con la pandemia vimos cuánto puede afectarnos que la cadena de producción dependa de terceros que además están muy lejos”.

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¿Los cambios en el sector son definitivos?

“Aunque somos propensos a repetir hábitos, creo que éste (la pandemia) fue un cambio fuerte que nos vino a mover muchas cosas. Yo espero no volver a la ‘normalidad’ ya que me gusta más esta nueva normalidad. Un ritmo más en calma, más tranquilo y menos acelerado”, asegura la diseñadora mexicana Ale Quesada, creadora de la marca de ropa, calzado y accesorios Alejandra Quesada.

La calma, considera, se dio porque ya no dispuso tanto tiempo en los trayectos para ir a los talleres de confección o a juntas con proveedores que están fuera de Ciudad de México.

A partir del confinamiento, que la alejó de su equipo de forma física, ahora presta más atención a cosas a las que no les había dedicado tanta energía como vender en línea. Un estudio realizado por la Asociación Mexicana de Venta Online (AMVO) , junto con Netquest, sobre el crecimiento del comercio electrónico en México muestra que éste fue de 30% en comparación con 2019; también que la ropa representó 77% de compras hechas en internet.

“También comprobé cómo con la tecnología hoy en día podemos trabajar desde casa, así ahorramos tiempo, gastos y generamos menos tráfico y contaminación”, sostiene sobre la implementación de medidas como videoconferencias que les permitieron continuar con la coordinación del trabajo a distancia.

Sin embargo, considera importante mantener un nivel de trabajo presencial para supervisar procesos y atender dudas de la fuerza laboral.

De acuerdo con una encuesta elaborada por PwC en julio de 2020, en una muestra de 1,000 empresas en México, 66% de los encuestados no practicaba el trabajo remoto antes de la pandemia, no obstante, con el confinamiento el home office fue la única forma de continuar con las labores del trabajo. Para julio de 2020, 97% de los encuestados aseguró querer trabajar en ese esquema de forma permanente.

El teletrabajo, en el caso de la industria textil, era la única alternativa para no sucumbir por completo debido a las medidas impuestas por el gobierno entre las cuales no consideraba ésta como una actividad esencial, por tanto, los talleres pararon por lo menos siete meses de 2020.

Por su parte, Cynthia Buttenklepper, diseñadora y emprendedora de su propia marca homónima, aseguró que en la reestructura de su negocio, la parte administrativa no fue complicada, pero sí la parte física y presencial por ser insustituible cuando se trata de un trabajo manual.

“Tengo un taller propio donde hacemos muestras y hacemos prendas hechas a la medida, que era parte fundamental de nuestro negocio y que dejó de existir durante el confinamiento”, narró.

Para Cynthia, mantener un taller es muy implicado y muy caro porque en su caso no sólo dependía de la producción y venta de sus colecciones, sino de las prendas hechas a la medida. Y al final no pudieron solventarlo y se limitaron únicamente a vender lo que producían hasta enero que pudieron volver al taller de forma escalonada.

“La gente tiene máquinas de coser en sus casas y ya llevan varios años con nosotros y ya saben bien cómo trabajar solas. Sí nos costó recuperar el ritmo de trabajo porque muchas de las mujeres tuvieron que ocuparse de asuntos familiares en horas de trabajo, y cuando estaban en el taller, eso no sucedía”, dijo sobre su equipo de mujeres, quienes en su mayoría viven en Iztapalapa, y tienen de 40 o 50 años.

A partir de la pandemia optaron por establecer nuevos horarios de trabajo, de 10 a.m. a 6:00 p.m. de forma interna.

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