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Ciudades inclusivas: la perspectiva de género beneficia a todos

Planear a favor de un grupo en vulnerabilidad brinda a beneficios a distintos grupos de la población, de acuerdo con expertas en movilidad y urbanismo.
mié 28 abril 2021 05:00 AM
Ciudades inclusivas: la perspectiva de género beneficia a todos
Ciudades inclusivas: la perspectiva de género beneficia a todos

Lucía Camacho trabaja en el Departamento de Recursos Humanos de una empresa que vende uniformes en el norte de Ciudad de México. Luego de más de un año de hacer home office por la pandemia, este mes regresó a un modelo híbrido, en el que tiene que ir dos días a la planta. Para ello puede tomar la bicicleta y andar por media hora hasta su lugar de empleo.

“Aunque me toca transitar por una parte de ciclovía en la Calzada (México-Tacuba), es difícil andar en bici porque te tienes que cuidar de los coches y también de uno que otro peatón distraído. Pero aun así prefiero moverme de esta forma porque no quiero arriesgarme a contagiarme en el transporte público”, explica.

Camacho asegura que toma medidas de precaución como no meterse entre los coches, mantenerse siempre en el carril de baja velocidad o en el designado para uso exclusivo de las bicicletas. Además de que su medio de transporte está equipado con luces y ella misma usa casco y un chaleco reflejante. Asimismo, estudia rutas que le permitan evitar las avenidas principales y donde ubique lugares a los que pueda recurrir en caso de tener un percance o sentirse insegura en la calle, como tiendas de autoservicio y estaciones de policía. Por último, al igual que un gran número de mujeres que se trasladan en México, comparte su ubicación en tiempo real a familia y a amigas.

A la pregunta de si utilizaría otro medio para transportarse una vez que la contingencia de salud por COVID-19 esté controlada responde categóricamente que no. “Andar en bici a veces me da miedo, pero también me da seguridad y autonomía, por eso no la dejaría”.

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De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo, estudios en la región muestran que para muchas mujeres la bicicleta no es una opción de movilidad, porque sus hábitos son más complejos por la llamada movilidad de cuidado , que es un traslado que implica mayor esfuerzo por parte de la persona que cuida el viaje, mayor tiempo y mayor atención sobre la vulnerabilidad a partir de las condiciones que presenta el espacio público.

Sin embargo, la movilidad es tan solo una parte -aunque esencial- del diseño de ciudades inclusivas que son definidas como lugares donde todo el mundo, con independencia de sus medios económicos, género, raza, discapacidad, edad, identidad sexual, condición migratoria o religión, está legitimada y empoderada para beneficiarse plenamente de las oportunidades sociales, económicas, culturales y políticas que ofrecen las ciudades.

Marianely Patlán, urbanista y coordinadora de la Iniciativa Global de Bloomberg para tener caminos seguros, menciona que la construcción de estos espacios urbanos tiene que hacerse con el precepto “Leave no one behind”: la agenda que se compromete a no dejar a nadie atrás, ni a las mujeres, los niños, las minorías, los migrantes, la población indígena o las personas con discapacidad, pero también con temas de género.

“Enfocarnos en proponer medidas que favorezcan a las mujeres no es excluir a los demás grupos, porque algunas de las acciones generan beneficios para las personas con las que estas mujeres conviven. Por ejemplo, las mujeres, en su mayoría, son quienes llevan a los hijos a la escuela o adultos mayores al doctor; entonces, al ofrecerles mejores y más espacios, también beneficias a esas personas que forman parte de grupos vulnerados”, afirma al señalar cómo las mujeres trasladan esas labores -no remuneradas- de cuidados que hacen en casa al espacio público.

“No por planear a favor de un grupo en vulnerabilidad no afecta a los demás”.

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El proceso de diseño de ciudades inclusivas

“Es cierto muchas de nuestras ciudades están urbanizadas y a veces nos encontramos con esta negativa de cambio, desde los vecinos que viven en una zona particular hasta los gobiernos responsables de aplicar estos cambios”, señala la urbanista.

No obstante, existen estrategias de socialización o planeación participativa en las que coincide con las que se plantearon en la Cumbre regional de Ciudades inclusivas y accesibles “#CitiesAreListening Eje del Cabildo Público”, que se realizó en 2019.

Entre ellos, el uso de indicadores concretos para evaluar y controlar la inclusión, preferiblemente data desagregada por género. O la coordinación interinstitucional a nivel local y nacional en materia de inclusión, accesibilidad y derechos humanos, dirigiendo estrategias independientes y actividades de implementación sobre la inclusión.

    Patlán recalca la importancia de incorporar conceptos como “pobreza de tiempo”, para definir la infraestructura de una ciudad en referencia al tiempo que destinan las mujeres a traslado, pues si viven lejos de los centros de trabajo, de salud o escolares, es mayor el tiempo que dedicarán a ello y no a estar con su familia, generar otros ingresos para ella o descansar.

    “Las mujeres tienen una movilidad en forma de estrella, es decir, hacen compras, las dejan en la casa, luego van al trabajo o van a la escuela a recoger a sus hijos, de regreso a la casa, y después al médico o a cualquier otra actividad. Al contrario de los hombres que suelen moverse de forma pendular de la casa al trabajo y del trabajo a la casa”, apunta.

    En ese sentido, el estudio Cities Are Listening (producto de la cumbre) recomienda a gobiernos locales priorizar el acceso seguro, fácil y equitativo del conjunto de la población a las infraestructuras físicas, sociales y digitales en todos los objetivos y programas de planificación urbanística para garantizar el derecho a la ciudad con la participación de los partes involucradas, en especial personas con obstáculos -físicos o sociales -que limitan su participación, tales como personas con discapacidades y personas de edad avanzada,

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    La incidencia de un gobierno inclusivo contra la violencia de género

    Emilia Saiz, secretaria General de Ciudades y Gobiernos Locales Unidos , una organización de gobiernos municipales y regionales con sede en Barcelona, y quien participó en el Foro Generación Igualda d que se realizó en Ciudad de México durante abril, señala que la recuperación de la pandemia es una oportunidad para repensar las necesidades que gobiernos deben atender.

    “Resulta fundamental establecer prioridades con foco en la igualdad de género para no volver a la normalidad de antes. Para esto, necesitamos un nuevo contrato social y más mujeres como las alcaldesas de Ciudad de México (Claudia Sheinbaum) o Barcelona (Ada Colau).

    “La meta es consolidar comunidades donde la igualdad sea la norma y el ejercicio cotidiano de todas y todos. Por eso, los gobiernos locales deben contar con oficinas y equipos de trabajo especializados en asuntos de género para que la planeación y el presupuesto combatan la discriminación desde la raíz, dado lucha contra las discriminaciones y las desigualdades y la inclusión de todas las personas en la vida pública es esencial para alcanzar ciudades de paz”, dijo.

    Asimismo, sostiene que se debe crear un vínculo estrecho entre la vida pública y la vida privada para visibilizar las necesidades de las ciudadanas a nivel individual, “lo que se traduce en estrategias de inclusión creadas con cimientos de empatía y justicia de género”.

    “Podría decir que todas las mujeres han sido víctima de acoso y de violencia sexual. Y eso limita la forma en que nos movemos, horarios, modo de transporte, horario de salida y regreso, todo eso inciden en la percepción de seguridad”, apunta Patlán.

    Señala que existen elementos de diseño urbano para incrementar una percepción de mayor seguridad como diseñar calles sin obstáculos en las esquinas, instalar mayor luminaria en las calles, eliminar los muros ciegos (sin ventanas, ni puertas, ni otras aberturas que pueden suponer un elemento de seguridad en una situación de peligro) como los de algunas zonas industrializadas.

    Para Patlán, para ejercer y garantizar el derecho a movimiento con perspectiva de género es necesario incorporar a más mujeres en puestos de decisión en los equipos de gobierno que hacen estos programas.

    Claudina Gyves, cofundadora e integrante de la Liga Peatonal , señala como un ejemplo eficiente la creación del programa “Senderos Seguros: Camina Libre, Camina Segura”, que crearon la Secretaría de Obras y Servicios de Ciudad de México (SobseCdmx) el Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano de la Ciudad de México (C5) y la Secretaría de Cultura de Ciudad de México.

    El objetivo principal de este programa, que ya es referente en América Latina, es colaborar para erradicar la violencia de género en los espacios públicos fijos (vía pública) y en movimiento (transporte).

    Lo hace a través del mejoramiento del espacio con prácticas como la intervención con pintura mural, pues además incentivando la participación de comunidades y barrios. Así como la mejora de la iluminación: migración a tecnología LED, colocación brazos lado banqueta, de infraestructura interpostal y de puntas de poste; de obra civil: sustitución de banquetas y guarniciones con materiales reciclados, cruces peatonales y bacheo; de imagen urbana: mejoramiento de áreas verdes, balizamiento, pintura en fachadas y murales artísticos.

    En términos de seguridad se instalan tótems de “Mi C911e” que contemplan botones de auxilio, luz estroboscópica y cámaras de videovigilancia que se conectan al Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano “C5” para atender una emergencia.

    El gobierno de Ciudad de México espera tener 324 Senderos Seguros en total para finales de 2021, donde se habrán intervenido 510.4 kilómetros con un monto de 855.6 mdp.

    “Cuando nosotros decidimos incluir el eje de perspectiva de género no fue sencillo, había mucha resistencia porque había una prevalencia de hombres y ellos consideraban que el eje de perspectiva de género no era importante”, explica Gyves respecto al trabajo que realiza desde la organización civil que trabaja a favor de una mayor movilidad peatonal.

    El trabajo interno se volcó a colocar mujeres el frente de cada vez más iniciativas para que tuvieran una participación paritaria en las actividades. Y así surgieron más ideas.

    “Un primer proyecto que tuvimos fue una auditoría para evaluar el espacio público dentro de la perspectiva de género. El objetivo es evaluar cómo son los traslados de las mujeres, para ver si son en espacios seguros para mujeres y niñas, en qué condiciones se hacen incluso los trayectos cortos que podrían ser caminados”.

    Gyves afirma que los resultados obtenidos muestran que las mujeres son el sector de la población que más camina y usa el transporte público.

    “Los hombres y las mujeres no mapean lo mismo cuando califican la infraestructura. La calidad de la infraestructura es mejor percibida por las mujeres que por los hombres, pues ellos no notan cuestiones relacionadas al acoso o tareas para trasladar a personas con discapacidad”, dijo.

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