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De Berkeley al cuadrilátero: La historia de Thunder Rosa

Impulsa a mujeres en la lucha libre, apoya a migrantes en la frontera y usa su voz para abrir caminos. Su historia es un puente entre el deporte, el activismo y la identidad mexicana en el extranjero.
vie 28 febrero 2025 05:31 AM
La historia de Thunder Rosa, una catrina en el ring que honra a los muertos de la frontera
Melissa Cervantes, socióloga de Berkeley, llevó su lucha del aula al ring, convirtiéndose en Thunder Rosa, una gladiadora que honra la memoria de quienes buscaron un futuro mejor en la frontera.

¿Cómo se construye una ecuación imposible? Thunder Rosa lo sabe. En una esquina del cuadrilátero, la socióloga tijuanense que disecciona la sociedad con la precisión de un bisturí. En la otra, la luchadora que se gana la vida a golpes, que se planta en el ring con el rostro pintado y la mirada filosa.

Melissa Cervantes nació en Tijuana en 1986 y estudió Sociología en Berkeley. Pero en lugar de encerrarse en un cubículo a teorizar sobre las desigualdades, decidió enfrentarlas en el cuadrilátero. Hoy es Thunder Rosa, "La Mera Mera", luchadora profesional y peleadora de artes marciales mixtas. Su rostro, maquillado como una catrina, es una declaración de principios: honrar a los muertos que buscaron una vida mejor en la frontera.

Tiene 10 campeonatos y un lugar en el podio de Pro Wrestling Illustrated Women's 150 como una de las tres mejores del mundo. Porque en San Antonio, Texas, el 16 de marzo es el "Día de Thunder Rosa". Un reconocimiento que va más allá del deporte, una distinción que la ciudad otorga a quienes han dejado una huella en la comunidad. En su caso, se premia su trayectoria como luchadora, su espíritu emprendedor y su compromiso social.

Además, es empresaria, activista y voz en español de All Elite Wrestling (AEW). Pero, ¿cómo se construye una figura como la suya? ¿Cómo concilia la intelectual tijuanense con la gladiadora que se gana la vida a golpes? ¿Cómo se siente al ser una figura pública en un negocio que a menudo explota estereotipos?

Thunder Rosa es la grieta en la narrativa, la prueba de que la academia y la lucha libre pueden habitar el mismo cuerpo. Que la tradición y la rebeldía pueden bailar en el mismo ritmo. Que se puede ser muchas cosas a la vez, aunque el mundo insista en reducirlo todo a una sola.

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¿Cuál ha sido el mayor desafío que enfrentaste como mujer mexicana en un deporte tradicionalmente dominado por hombres?

El primer obstáculo fue doble: ser mujer y ser inmigrante. Si eres una mujer en este negocio, las oportunidades son menos. Si además eres una mujer mexicana, el camino es aún más empinado. No es solo un tema de talento, porque el talento lo tenemos. Es el respeto. Durante décadas, las mujeres en la lucha libre mexicana han sido relegadas a un rol secundario, vistas como un complemento del espectáculo masculino.
Yo sabía que tenía que trabajar el doble. No había espacio para la duda, para la queja o la fatiga. Desde el principio me quedó claro que si quería un lugar en este mundo, tenía que ganármelo con cada golpe, con cada caída, con cada victoria. No se trata de pedir una oportunidad especial, sino de exigir igualdad de condiciones.
Por eso, en 2019 decidí que no solo quería ser parte del cambio, sino ayudar a construirlo. Fundé Mission Pro Wrestling, una promotora dedicada a impulsar y visibilizar el talento femenino en la lucha libre. No quiero que las nuevas generaciones pasen por las mismas barreras que yo tuve que derribar.
La lucha libre es una representación de la vida misma: una batalla constante donde solo quienes persisten logran permanecer de pie.

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Fuiste reconocida como una de las tres mejores luchadoras del mundo según la Pro Wrestling Illustrated, una de las publicaciones más influyentes del género y se destaca por sus rankings anuales de luchadores y luchadoras en diferentes categorías. ¿Qué significa para ti este reconocimiento y cómo ha influido en tu carrera y proyectos?

Más que un premio, lo veo como un mensaje. Significa que las cosas que hago y las decisiones que tomo están dejando huella. Que los sacrificios no han sido en vano.
Ser reconocida como una de las tres mejores luchadoras del mundo es un recordatorio de que nunca me conformé con el lugar que otros querían darme. Siempre supe que podía más, que podía romper expectativas. Este reconocimiento no solo ha elevado mi carrera profesional, sino que también ha reforzado mi responsabilidad con quienes vienen detrás.
Quiero que las niñas y mujeres vean que no estamos destinadas a encajar en un solo molde. Que podemos ser luchadoras, académicas, empresarias, madres, lo que queramos. No somos un rol. Somos tantas versiones de nosotras mismas como decidamos ser.

All Elite Wrestling es una de las promotoras más importantes del mundo. ¿Cómo describirías tu experiencia trabajando con ellos y qué oportunidades te ha brindado?

AEW ha sido una plataforma enorme para mi carrera. Tony Khan confió en mí y cada oportunidad que me ha dado la he tomado con la determinación de alguien que sabe que la puerta puede cerrarse en cualquier momento.
Gracias a AEW he llevado mi voz a espacios que jamás imaginé. He podido compartir mi historia en universidades, hablar con niños y niñas en comunidades de la frontera, destacar la riqueza de nuestra cultura mexicana y abrir caminos para otras mujeres en la industria. También me ha permitido explorar facetas que antes parecían inalcanzables: la radio, la música, la conducción.
Para mí, AEW no es solo un trabajo. Es el altavoz desde el que puedo amplificar mi mensaje, tanto dentro como fuera del ring.

Eres la primera campeona mundial de lucha libre nacida en México en una promotora de Estados Unidos. ¿Cómo vives esa responsabilidad y qué mensaje quieres transmitir con este logro?

Cuando empecé en la lucha libre, nunca pensé en convertirme en una figura pública. Quería pelear, nada más. Pero el deporte me llevó a un lugar donde mi voz importaba más de lo que imaginaba.
Hoy entiendo la responsabilidad que tengo. Sé que hay niñas que me ven y piensan: "Si ella pudo, yo también puedo". Por eso soy cuidadosa con lo que digo y lo que hago. En un mundo donde un comentario puede marcar la diferencia en la vida de alguien, elijo que mi mensaje sea de resistencia, de lucha y de esperanza.
Ser la primera mexicana en lograrlo no es un punto final, es una invitación para que muchas más lo sigan haciendo.

¿Cómo es un día típico en tu vida y qué es lo que más disfrutas de esa rutina?

No hay días fáciles. Mi agenda es un caos controlado.
Empiezo cada jornada en el gimnasio. Mantenerme en forma no es una opción, es una necesidad si quiero seguir compitiendo al máximo nivel. Luego, reviso pendientes con mi manager, Tony Allen, porque cada semana hay eventos, viajes, entrevistas, grabaciones.
Los lunes grabo Thunder Nights en YouTube. Los miércoles soy conductora en Busted Open, el podcast de lucha libre más escuchado en Sirius XM. También participo en Dynamite y Collision, recorriendo ciudades en Estados Unidos, Canadá y Europa.
A veces hay sesiones de autógrafos, otras hay grabaciones de promoción. Pero algo que nunca dejo de lado es mi compromiso social: siempre aparto tiempo para participar en actividades que empoderen a mujeres y niñas o apoyar a comunidades en riesgo.
Es una rutina agotadora, pero elijo cada parte de ella. Y si algo disfruto, es el momento en que subo al ring y todo cobra sentido.

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Sobre tu faceta empresarial: además de tu carrera como luchadora, también eres empresaria. ¿Puedes contarnos sobre los proyectos que estás desarrollando y cómo equilibras estos roles tan demandantes?

Fundé Mission Pro Wrestling en 2019, en el contexto del movimiento #MeToo en la lucha libre. Vi a demasiadas mujeres con talento ser subestimadas, relegadas a un segundo plano. Decidí que, en lugar de quejarme, quería hacer algo al respecto.
MPW es más que una promotora: es un espacio donde las luchadoras pueden desarrollarse en condiciones justas, donde la cultura mexicana es celebrada y donde el talento femenino tiene el protagonismo que merece.
También he organizado eventos en colaboración con la NFL y sigo explorando otros caminos en los negocios. Sí, es difícil equilibrarlo todo. Pero tengo un equipo increíble y una convicción que no se quiebra: si algo no existe, lo construyo.

Impacto social y fundación: háblanos sobre tu trabajo con niñas y niños. ¿Qué impacto esperas generar con esta iniciativa?

Siempre he creído que el empoderamiento empieza en la infancia.
Trabajo con organizaciones como el Club de Niños y Niñas en Tijuana y Nuevo León, donde apoyamos a niños y adolescentes de comunidades de alto riesgo. También estoy colaborando con MANA de San Diego, una asociación que busca mejorar la calidad de vida de las mujeres hispanas en Estados Unidos.
Mi objetivo es simple: que las niñas crezcan sabiendo que pueden ser lo que quieran. Que no están limitadas por lo que la sociedad espera de ellas. Si quieren ser ingenieras, que lo sean. Si quieren ser luchadoras, también.
La lucha más importante no es la del ring. Es la de construir un mundo donde cada niña pueda pelear por sus sueños con las mismas oportunidades que cualquiera.

¿Qué legado te gustaría dejar en el mundo del deporte, los negocios y la sociedad?

No quiero ser recordada solo como una luchadora.
Quiero ser recordada como alguien que se atrevió a ser más de lo que esperaban de ella. Alguien que desafió los moldes, que creó oportunidades, que dejó un camino más amplio para quienes vienen después.
Ganar campeonatos ha sido importante, pero mi mayor logro ha sido demostrarme a mí misma que puedo ser muchas cosas a la vez. Y ojalá mi historia sirva para que otras personas se atrevan a escribir la suya sin miedo.

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