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Las mujeres que sobreviven a un fracaso de emprendimiento

Existe una estigmatización en México alrededor de los fracasos empresariales, sin embargo los inversionistas no lo consideran un punto en contra.
lun 19 abril 2021 08:38 AM
Las mujeres que sobreviven a un fracaso de emprendimiento
Las mujeres que sobreviven a un fracaso de emprendimiento

De las empresas que nacen en México cada año, 75% no sobrevivirán a los primeros dos años de vida. Y, como señala Lilia Vélez Iglesias, directora general académica de la Universidad Iberoamericana de Puebla, considerando que de los casi 4 millones de emprendedores que hay en el país según el Inegi, 19% son mujeres, no faltan historias de fracasos contadas por ellas.

Gaby Portilla, creadora de la Terapia de Espejeo Canino (CMT - Canine Mirroring Therapy) y fundadora de Dog Sensitive, tiene una de ellas.

“Durante los últimos 12 años me he dedicado a conocer a los perros como especie e individuos así como la relación que tenemos con ellos, llevando el mensaje a diferentes lugares y en diferentes medios”, cuenta Portilla, que antes de entrar a este mundo, se dedicó a la publicidad durante 10 años hasta que llegó Leo, el perro de su vida.

Todo el mundo le dijo que educar a Leo, un pastor belga, sería un problema. “Mi perrito tenía todos los problemas de comportamiento que te puedas imaginar. Busqué muchas opciones hasta que después de un tiempo me di cuenta de que sólo me topaba con puro entrenamiento de castigo”, explica.

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Fue así que decidió irse a estudiar en Estados Unidos. Pasó un año y regresó a México llena de ideas. “Decidí entonces empezar mi primer proyecto. Primero pensé en hacer un espacio gratuito para que la gente aprendiera de sus perros y para generar cultura canina, pero después me di cuenta de que había una gran oportunidad de capitalizar su aprendizaje”, señala.

Entró a un mundo, el del entrenamiento canino, que está muy masculinizado y en el que, en un primer momento, no encontró más que críticas a su modelo. “Pero no me importó y seguí. Empecé a hacer cursos y talleres y busqué a un socio. Después vino el primer diplomado en Ciencias Caninas. Y entonces empezaron los problemas”, dice.

La cadena de errores

Para Gaby Portilla, su primer gran error fue haber cedido a su socio los derechos del proyecto. Después, no haber sabido delegar las funciones y tareas, porque ella tuvo que aprender de finanzas, pero estaba 100% a cargo de los contenidos que se desarrollaba dentro del proyecto.

“Si me pedían que hiciera algo extra lo hacía. Algo que arreglar, lo hacía. Entonces, el burnout estuvo brutal y eso derivó en peleas con mi socio”, cuenta.

El tercer error en la cuenta de esta joven experta es que, debido a que el proyecto inició cuando ella aún estaba en sus veintes “y estaba muy pequeña”, permitió que su socio se hiciera cargo por completo de la cuestión financiera y legal del emprendimiento. “Era sustentable, pero no crecía como yo quería. Y todo se rompió, perdí ese proyecto hace tres años”, lamenta.

Portilla abarató su propio trabajo por miedo a que la criticaran y también porque quería que más personas se acercaran a su filosofía.

“En el proyecto anterior quería dar todo gratis y abarataba mi trabajo. Curiosamente, una de las cosas que noté que era que las personas que becaba resultaban ser los peores alumnos". Tampoco se sentía cómoda con utilizar cotizaciones justas con sus conocidos por miedo a que la juzgaran por cobrar “mucho”.

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Y un error final: tuvo miedo a llamar su trabajo como suyo. “Yo hice casi todos los contenidos en ese primer proyecto, pero con la idea de no tener protagonismo, no firmé nada a mi nombre y después de la pelea con mi socio perdí absolutamente todo el trabajo que hice”.

¿Cómo se sobrevive a un fracaso?

Con el corazón roto y sin la intención de nunca más volver a trabajar en algo relacionado con el segmento de mascotas, Portilla se recluyó un año en Veracruz. Después, decidió que volvería a emprender y que otra vez sería sobre perros.

“Lo primero que pensé fue que quería plantear bien la estructura de negocio y el crecimiento, meterme de lleno a las finanzas para no depender de que alguien más lo hiciera para un proyecto que es mío. Y en un año y medio que llevamos, ya estamos muy por encima de todo lo que logré en el otro proyecto en todo el tiempo que estuve ahí”, señala.

Y están las lecciones aprendidas. “La primera cosa que aprendí es a valorarme a mí misma, valorar mi trabajo. Como mujeres, por toda la educación que recibimos todos, dudamos mucho de nosotras pero también es cierto que hay mucha presión psicóloga. La segunda enseñanza que mi fracaso me dejó es que no basta ser consciente de tus inseguridades, hay que trabajar en la falta de confianza”.

Claudia Sierra, actuaria y mercadóloga, dirige dos proyectos empresariales. “Uno de ellos lo inicié hace 15 años y ahora está considerado como una de las agencias de investigación de mercado más importante del país. Por otro lado, dirijo una comunidad emprendedora que se llama Entremex, que busca crear redes de apoyo a emprendedores”.

Sierra señala que emprender puede ser un reto psicológico tanto para hombres como mujeres. Sin embargo, las mujeres no desatienden las labores que realizan en casa, ya sea de cuidados o quéhacer doméstico. “Nos enfrentamos al hecho de decir 'quiero ser una gran empresaria, pero también una gran mamá y una gran esposa'”, dice.

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Para la directiva, las mujeres tienen más resistencia al fracaso porque enfrenta situaciones difíciles "desde siempre". Después de haber tenido 600 proyectos de mentoría en sus manos, ve más entereza y resistencia en las mujeres para sobreponerse a los fracasos de emprendimiento.

Sin embargo, ¿quién habla de sus errores?

El equipo de Fuck Up Nights, una comunidad internacional -con una sede en Ciudad de México- de emprendedores y emprendedoras que han caído una, dos y hasta tres veces a la hora de crear su propio negocio, ha notado que pese a que en el mindset de los inversionistas los fracasos no son malditos, las mujeres no están tan abiertas a compartir sus experiencias mal logradas.

“Cuando organizaba eventos me di cuenta de que siempre participaban muchísimos más hombres que mujeres y, entonces, decidí que desde ese momento en adelante serían paritarios. Pero cuando intenté invitar a más mujeres -que además, ya son exitosas cantantes, actrices o empresarias- siempre me respondían que no querían hablar de esas etapas de su vida porque lo consideraban un retroceso en su carrera”, cuenta Alejandra Torres, responsable de eventos en Ciudad de México de Fuck Up Nights.

Al respecto, Claudia Sierra atribuye esa reacción a que las mujeres en México, y las personas en general, no son educadas para aceptar un error. “Cuando te equivocas, hay un castigo y además, hay coerción para evitar que vuelvan a suceder. A diferencia de otras culturas en el mundo que los ven como una oportunidad de aprender”.

Sierra considera que hablar de los fracasos y de lo que se ha hecho mal da una mejor idea para saber qué se puede evitar en el siguiente intento. “El no hacer nada es el peor fracaso que se puede tener, intentarlo todo te puede conducir a aprender cómo hacerlo de una mejor forma cada vez y fracasar no acaba con tu vida”, apunta.

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