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Corazón en tiritas para el éxito

A veces uno cree que está a punto de llegar al mejor momento profesional, económico y de plenitud, y de repente la vida me recuerda que no solo soy una directora general, también soy persona.
sáb 26 noviembre 2022 07:00 AM
Corazón en tiritas para el éxito
Hay ocasiones en que la vida me da algunos reveses y de repente siento que caigo a un vacío existencial llena de preguntas como “¿por qué yo?”, ¿por qué justo ahora?”, ¿cómo voy a salir de esta…?”, reflexiona Sara Cuéllar.

-Dedicado a mi padre amado-

Cuando los sentimientos de frustración, dolor personal, o angustia nos invaden, el impulso a ser mejor en el trabajo y en la vida es mayor, aunque parezca lo contrario. Somos personas antes que ejecutivos. Por supuesto no es necesario ni mucho menos deseable esperar a vivir esto que duele para empujarnos a ser mejores, pero si ocurre hay que aceptarlo y enfrentarlo con las fuerzas redobladas. Después de todo, la vida sigue.

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El trabajo, en mi caso, suele ser mi gran pasión. Generar alianzas, promover empleados, ganar nuevos clientes, crear estrategias creativas son mi pan de cada día. Por supuesto mi familia es la inspiración ya que cada uno me representa una motivación a seguir. Sobre todo, mis hijos.

Sin embargo, hay ocasiones en que la vida me da algunos reveses y de repente siento que caigo a un vacío existencial llena de preguntas como “¿por qué yo?”, ¿por qué justo ahora?”, ¿cómo voy a salir de esta…?”.

A veces uno cree que está a punto de llegar al mejor momento profesional, económico y de plenitud, y de repente la vida me recuerda que no solo soy una directora general, también soy persona.

Y como todos los seres humanos de vez en vez tenemos eventos que no nos gustan y menos cuando son repentinos e inesperados. Hace unos días estaba muy feliz porque, por fin, luego de más de 400 días de no salir de vacaciones pisaría la arena y me remojaría como mojarra en el mar de Acapulco (en la orillita porque me da miedo).

Me vi bebiendo una rica michelada Corona -con doble shot de limón-, en un camastro en la casa de mi querido amigo Gabo. Planifiqué hasta los chistes que iba a contar y las anécdotas comunes.

Elegí los bikinis que destacarían mi oscuro color dorado luego de pasar horas bajo el Sol leyendo la última novela de mi escritor español favorito, Javier Marías (recién fallecido).

De repente un correo electrónico y una llamada cambiaron mis planes, mi vida. En el primero me daba las gracias uno de mis clientes más importantes. Se acaba la colaboración y, por tanto, los honorarios. La segunda, la más dolorosa: “Tu papá está muy grave, debes venir a verlo a Torreón -mi ciudad natal-”.

Dejé todo mi equipaje sobre la cama, compré un boleto de avión y cambié el contenido de la maleta.

Apenas llegué al hospital y mi moral sufrió un golpe duro al corazón. Mi papá no me reconocía, estaba delirando.

Así los sucesos durante los últimos días, noches y madrugadas, en lo que el dolor que nutre la energía del hospital y el fantasma de la muerte nos acompañan.

Hoy sé que mi padre está en una etapa final. Sin embargo, es difícil aceptarlo.

 

Este suceso y otros más que llegaron así de bote pronto a mi vida cotidiana. Hoy hay prioridades.

Los gastos monetarios y sentimentales no se detienen, pero la salud no tiene precio, dicen. Así que hoy aprendo que los duros golpes dejan moretones, pero el alma se arraiga a seguir hacia adelante.

La generosidad y comprensión de los parientes, de los amigos, hasta de los clientes me dejan ver que la gratitud debe ser el primer factor para poder recargar pilas morales.

Y heme aquí, trabajando, haciendo nuevamente estrategias, motivada a ser mejor; a cumplir con mis compromisos de trabajo y, por supuesto, a demostrarme que soy una persona fuerte con una vulnerabilidad que me permite ver hacia arriba del hoyo en el que caí y donde lo único que se ve hacia arriba es la luz. Hay que seguir viviendo, aceptar lo que llega y enfrentarlo. Hay que seguir trabajando porque las facturas por pagar siguen llegando.

Agradecer y aceptar parecen ser la fórmula que más me impulsan a seguir con fuerzas y ser una mejor persona y profesional aún con el jefe en la camilla de emergencias y los pagos por vencer.

Gracias por leerme, porque escribir también ayuda.

Nota del editor: Sara Cuéllar es empresaria y publirrelacionista especializada en moda, estilo de vida y lujo con 20 años de experiencia. De formación periodista y colaboradora de varios medios nacionales. Síguela en LinkedIn . Las opiniones publicadas de esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

 

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